EL MÉTODO
Lo mejor, la escucha activa
La comunicación entre padres e hijos no es fácil. Como regla general, «hay que evitar las críticas y los juicios» que cortan la comunicación de los sentimientos, «es muy difícil contarle a alguien un sentimiento si cuando estás empezando te critican o te dicen que no deberías sentirse así. Esa es una de las razones por las que los hijos no hablan con los padres», sostienen estos dos profesores que descartan como método de comunicación el sermón, el reproche y la manipulación. «Alguna vez es más eficaz el silencio», aseguran, pero conocen otro mucho más efectivo: la escucha activa. Esta técnica de comunicación requiere práctica y tiempo, «básicamente consiste en escuchar los sentimientos que hay detrás de las palabras, hay que descubrir el sentimiento». Cuando un hijo pregunta por ejemplo, ¿A qué hora comemos?, no espera que le digas a las 2, porque posiblemente todos los días se come a la misma hora, lo que debes interpretar son varias cosas, o está hambriento y quiere comer antes porque tiene prisa». La manipulación Los sentimientos también dejan de ser saludables cuando se utilizan manipulándolos para conseguir algo de otras personas: «Si no haces esto me enfado». Frase claramente manipuladora donde no está relacionado el sentimiento con la situación. A veces la manipulación es inconsciente, de manera que pasa a ser poco saludable para la persona que la ejerce. «La persona manipuladora es autoritaria y está siempre enfadada porque necesita controlar a los demás».