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La otra epidemia

La cuarta parte de doctores en EE.UU., Reino Unido, Canadá y Australia son inmigrantes que proceden de países pobres

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Manu Mediavilla - madrid
León

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La emigración de médicos del mundo pobre al rico acentúa la desigualdad sanitaria internacional y debilita la capacidad de muchos países en desarrollo para enfrentar sus graves problemas de salud. Así se deduce de una investigación publicada en la revista científica The New England Journal of Medicine , que cifra en la cuarta parte los doctores inmigrantes que ejercen en Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá y Australia. Entre el 40% y el 75% de ellos procede de países pobres, que pierden así importantes inversiones educativas y el capital humano de esos profesionales bien preparados y con iniciativa. El estudio, realizado por un equipo de la Universidad George Washington dirigido por Fitzhugh Mullan, evidencia las dañinas consecuencias sanitarias de esta fuga de cerebros médicos, que la misma publicación califica de «robo silencioso» en un editorial firmado por otros dos investigadores, Lincoln Chen y Jo Boufford. Éstos citan dos datos simbólicos (Estados Unidos tiene el 5% de la población mundial, pero dispone del 11% de los doctores; Ghana no pasa de 9 facultativos por 100.000 habitantes, pero «envía» algunos al Reino Unido, que tiene 231), antes de recordar la dramática realidad de África: «Con justo 600.000 médicos, enfermeras y comadronas para 600 millones de personas, necesita al menos un millón de profesionales para poder ofrecer los servicios básicos fijados en los Objetivos del Milenio de la ONU». El continente va marcha atrás y sus ya frágiles sistemas sanitarios se resienten de esa «hemorragia» de profesionales, cuyas consecuencias devastadoras tienen incluso una medida financiera: cada año se desperdician 500 millones de dólares de fondos públicos empleados en su formación. Peor aún, recalca el estudio de Mullan, muchas escuelas médicas de los países pobres se dejan influir por las «aspiraciones occidentales» de sus alumnos, hasta el punto de diseñar programas formativos que se separan de su propia realidad sanitaria y no tienen suficientemente en cuenta el tipo de enfermedades más habituales.

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