sábado 19/9/20

La corte de Juan Carlos I

Cuentan que en un almuerzo con Juan Carlos I como invitado, uno de los comensales reconoció que él no tenía más amigos que los dedos de una mano. El rey emérito aseguró que coincidía de pleno. Aunque son muchos los amigos y conocidos con los que comparte el mundo cinegético y de regatas, son sólo unos pocos, sus más íntimos, a los que el padre de Felipe VI recurre desde hace más de medio siglo cuando hay algo que celebrar, penar o reposar.

José Fanjul. Anfitrión en el Caribe. El conocido en Estados Unidos como ‘rey del azúcar’ nació en La Habana en 1944 y preside Fanjul Corporation, un emporio azucarero en Florida y Republica Dominicana que tuvo que reconstruir con su hermano Alfonso tras perder el forjado por su padre en Cuba cuando Fidel Castro llegó al poder. A mediados de los 80, lograron copar la mayor parte del negocio azucarero y, en la actualidad, dos tercios del consumo procede de alguna de sus firmas vinculadas. Los Fanjul son descendientes de asturianos emigrados a Cuba en el siglo XIX cuando era colonia española y les unen lazos familiares lejanos con los Borbón.

Pepe, como él mismo se hace llamar, y sus tres hermanos son sobrinos-nietos de Edelmira Sampedro, la esposa del príncipe Alfonso de Borbón, hijo de Alfonso XIII, abuelo de don Juan Carlos. Aunque está afincado en Miami pasa largas temporadas en República Dominicana, donde la familia amplió su imperio con inversiones en el sector turístico e inmobiliario.

Allí hoy adueña la elitista zona de Casa de Campo, una especie de Sotogrande caribeño con vecinos como Carlos Slim donde, se ha dicho, podría haberse refugiado don Juan Carlos. A cincuenta minutos del aeropuerto de Santo Domingo y del de Punta Cana se encuentra la mansión donde se escapa a menudo el padre de Felipe VI desde su abdicación en 2014. En el lujoso complejo VIP tiene incluso una avenida, que él mismo inauguró en 2015. Considerada una de las grandes fortunas de Estados Unidos,

Pepe goza junto a su hermano Alfonso de una gran influencia con presidentes y congresistas porque son grandes contribuidores tanto de las campañas demócratas como de las republicanas. De este modo todos los flancos están cubiertos.

Aga Khan. El protector. Su amistad se forjó en los intramuros del colegio de los padres marianistas de Friburgo. Con los años, cumplieron las misiones para las que habían sido preparados: Aga Khan VI sucedió a su abuelo como imán de los musulmanes ismaelíes y don Juan Carlos fue nombrado príncipe de España y posteriormente proclamado rey.

Es el principal valedor de la infanta Cristina en Ginebra. Cuando estalló el ‘caso Nóos’ el entonces jefe del Estado tiró de su íntimo amigo para que proporcionase una red de seguridad a su hija y a sus nietos en la ciudad suiza, alejados del escrutinio público.

Desde entonces la hermana de Felipe VI trabaja para la Aga Khan Development Network, un conglomerado de fundaciones que cuenta con más de 80.000 empleados en 30 países y que ha sido bautizado como ‘la segunda ONU’.

Considerado como uno de los quince royal más ricos, según Forbes, el Aga Khan cuenta con casas repartidas por todo el mundo y podría ser la mano amiga de la que Juan Carlos I se valiese para fijar su estancia durante un tiempo en el extranjero.

Joao Manuel Brito e Cunha. Conexión portuguesa. Con el conde de Portugal de Faria, don Juan Carlos comparte, además de edad (82 años), recuerdos de infancia. Ambos mantienen una estrecha relación que se forjó durante el exilio de la familia en Estoril, ciudad que sirvió de refugio entonces para sus padres y que podría convertirse en otro para el rey emérito si decide fijar allí su residencia. Brito es heredero de la familia Alburquerque d’Orey y está casado con Ana Filipa Espirito Santo, perteneciente a la acaudalada familia dueña del banco Espirito Santo, buque insignia de la banca portuguesa.

Los Brito tienen su residencia en Cascais, pero poseen una finca conocida como Casa Grande Quinta do Peru, cerca de Setubal y junto al Parque Natural de Arrábida, donde el padre de Felipe VI podría hallar refugio mientras sospesa su futuro.

Pedro Campos. El refugio gallego. La amistad con este gallego tiene años de historia, pero desde que el emérito volvió a navegar y encontró en el mar su mejor consuelo, la relación se ha estrechado. El armador del ‘Nuevo Bribón’ se ha convertido en su anfitrión en Sanxenxo. Cuando comenzó a viajar a esta localidad gallega, el anterior jefe del Estado se alojaba en una casa rural, pero ahora lo hace en casa del sobrino del que fuera presidente del Gobierno Leopoldo Calvo-Sotelo.

Ligado al mundo de las regatas desde los tres años, Campos preside el Real Club Náutico de Sansexo, donde Juan Carlos I pasaba hasta ahora un fin de semana al mes. Ostenta el título de haber sido el primer patrón español en la Copa América, donde también ejerció de responsable del desafío, además de ser 16 veces campeón del mundo y nueve de España. Con este gallego y su equipo cenó el rey emérito el pasado fin de semana antes de poner rumbo a un destino desconocido fuera de España.

Josep Cusí. Su sombra. Son amigos desde los años de juventud, cuando era Juanito y estaba a la sombra de Franco. La pasión por el mar los ha unido y el catalán ha llegado a ser el armador y tripulante del ‘Bribón II’, uno de los barcos de don Juan Carlos. El empresario catalán ha sido su sombra los últimos cuarenta años y lo ha acompañado en cacerías y viajes privados, y en situaciones más complicadas como los ingresos y operaciones a las que el rey emérito se ha sometido durante años en la Clínica Planas de Barcelona.

De él valora don Juan Carlos su discreción, siempre por encima de todo. Al empresario le debe, entre otras cosas, la saga de los ‘bribones’, incluido el último. Cusí compró en 2015 el ‘Bribón XVI’ con el que el emérito acabó ganando el Campeonato del Mundo en Vancouver en 2017. «Todo el mundo comete errores. Deberíamos valorar lo mucho que ha hecho por España», reconoció a ‘Vanity Fair’ el pasado marzo tras la decisión de Felipe VI de romper amarras con su padre.

Poco después, ‘The Telegraph’, que investiga los negocios del emérito en el extranjero, publicó que en 2004 el armador catalán pagó 269.000 de los 467.000 dólares que costó el viaje de novios de los entonces Príncipes de Asturias que les llevó a Camboya, las islas Fiji, California y México. Lo habría abonado, según el diario británico, a través de su empresa Navilot. 08/05/17-46/20

La corte de Juan Carlos I