viernes. 02.12.2022

La gestión interna de un asunto sospechoso —el contrato de las mascarillas adjudicado por la Comunidad de Madrid a la empresa de un amigo de Isabel Díaz Ayuso, con el hermano de esta de por medio, y el espionaje activado contra ella— ha sido el detonante de la grave crisis que ha dinamitado la dirección nacional del PP. El partido prepara la salida de su presidente, elegido por vez primera en un proceso de primarias en los 40 años de historia e la formación conservadora, con la sombra de la corrupción persiguiendo de nuevo a los populares.

Pablo Casado y Teodoro García Egea, el secretario general hasta el martes, perdieron la mayor parte de sus apoyos tras conocerse los detalles de la investigación abierta a la presidenta madrileña el pasado septiembre. Dentro de estas pesquisas, los dirigentes del partido pidieron explicaciones a Díaz Ayuso sobre la información recibida que apuntaba a que su hermano Tomás se había lucrado con 286.000 euros con la gestión de este contrato. Lo hicieron pocos días después de que ella anunciara su determinación de presidir el PP madrileño, en manos de una gestora desde la dimisión de Cristina Cifuentes.

La aparición en este embrollo de la agencia de detectives Grupo Mira, vinculada a seguimientos a otros dirigentes del PP como el expresidente madrileño Ignacio González, acusado de corrupción; la figura en la sombra del exalto cargo del Ayuntamiento de Madrid Ángel Carromero, primer dimitido en esta guerra fratricida; y el presunto intento de utilizar una empresa municipal para abonar el trabajo «ilegal» de los detectives acabaron por derribar la defensa de la cúpula ‘genovesa’.

La dirección del PP se vio desbordada por las filtraciones del entorno de la baronesa madrileña sobre los pormenores de la investigación iniciada contra ella. Casado y García Egea fueron incapaces de explicar a sus otrora leales compañeros las acusaciones que el primero lanzó en la Cope sobre un presunto tráfico de influencias en lo más crítico de la pandemia, «cuando morían (en España) 700 personas al día». Y sin ofrecer apenas resistencia, ambos claudicaron ante Díaz Ayuso —con un veterano de estrategia política como Miguel Ángel Rodríguez a sus espaldas— y la presión de los barones para atajar la crisis cuanto antes.

Investigación abierta

El conocido como MAR, jefe de gabinete de la presidenta de Madrid, trató de imponer el relato desde el comienzo de la batalla que acabó tornándose decisiva. Proyectó el foco en los excesos de la investigación de Génova presentando a Díaz Ayuso como víctima de una caza de brujas por su intención de dirigir el partido en Madrid. El contrato de las mascarillas pasaba así a un segundo plano en detrimento de las graves acusaciones de Casado, que este, además, acabó archivando. Pero las sospechas han desembocado en una investigación de la Fiscalía Anticorrupción.

La sombra de la corrupción lastra la renovación prometida del PP
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