domingo. 27.11.2022

UNA RESPUESTA SALUDABLE

MENSAJES POSITIVOS. Un equipo de científicos demuestra que las reacciones de nuestro cerebro ante mensajes de consumo saludable predicen mejoras en los hábitos de alimentación. Se trata de modificar la alimentación para prevenir el sobrepeso
                      La investigación estudia las respuestas cerebrales ante mensajes nutricionales personalizados y cambios en la conducta alimentaria.  víctor casado
La investigación estudia las respuestas cerebrales ante mensajes nutricionales personalizados y cambios en la conducta alimentaria. víctor casado

Un equipo internacional de científicos, liderado por la Universidad de Granada (UGR), ha analizado cómo responde nuestro cerebro ante mensajes que promueven un consumo saludable, demostrando que las reacciones de nuestro cerebro ante estos mensajes pueden predecir mejoras en los hábitos de alimentación.

Uno de los problemas de mayor envergadura a nivel mundial en general, y particularmente en España, es el de la alimentación no saludable. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 44,9% de hombres de más de 18 años y el 30,6% de mujeres padecen sobrepeso. De hecho, España constituye el cuarto país en el ranking de obesidad infantil en Europa.

Ante esta problemática, el grupo de investigación SEJ-625 “Marketing y Cambio Social” de la Universidad de Granada está analizando en los últimos años la utilidad de diversas tipologías de campañas de comunicación saludable para modificar comportamientos y dirigirlos hacia hábitos de alimentación saludables.

En su último estudio, liderado por los profesores del departamento de Comercialización e Investigación de Mercados Luis Alberto Casado Aranda y Juan Sánchez Fernández, se ha evaluado cómo el cerebro reacciona ante dos tipos de mensajes saludables muy habituales: no personalizados y personalizados.

Los mensajes no personalizados (por ejemplo: “Alguien de confianza puede proporcionarnos apoyo una vez hayamos empezado con hábitos de alimentación saludable” o la tradicional pirámide alimentaria) están diseñados para llegar a un público amplio y comunicar información útil para consumidores en general. Los mensajes personalizados, en cambio, están basados en las creencias, conocimientos, actitudes, el peso, estatura o comportamiento actual del consumidor en relación a la alimentación (por ejemplo: “Pepe, tu amiga Juana podría ayudarte a mejorar tu dieta y hacer más actividad física a la semana” o los mensajes de los disopsitivos de registro de actividad).

HÁBITOS POCO SALUDABLES

Concretamente, los investigadores de la UGR, junto con colegas de la Tiilbug University (Holanda), reclutaron a 30 participantes con hábitos de alimentación poco saludables y grabaron su cerebro mientras que permanecieron en un escáner cerebral y leían mensajes personalizados (teniendo en cuenta las características de cada participante) y no personalizados. Posteriormente a las pruebas, y durante un mes, recibieron una intervención especializada basada en mensajes y explicaciones sobre cómo mejorar sus hábitos de alimentación. Tras el mes de intervención, se les preguntó de nuevo cuáles eran sus hábitos de alimentación.

Los resultados cerebrales revelaron que, en comparación con los mensajes no personalizados, las comunicaciones adaptadas implicaron reacciones en áreas cerebrales asociadas con el valor y la importancia personal. De forma crucial, de entre dichas áreas cerebrales, hubo cuatro (hipocampo, corteza medial frontal, corteza orbitofrontal inferior y circumbalación angular) que pronosticaron las reducciones en la ingesta de alimentos poco saludables que se produjeron tras el mes de recepción de mensajes saludables.

Estos resultados podrían ofrecer implicaciones cruciales para la sanidad, los profesionales y/o los responsables políticos, que deberían implementar esfuerzos sustanciales en la creación de campañas individualizadas centradas en las necesidades, los objetivos y los impulsos percibidos por los ciudadanos en relación a la alimentación saludable para reducir los problemas de sobrepeso.

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