miércoles 12/5/21

Línea 12 del metro de México: despilfarro, política y muerte

Dos vagones caen sobre una de las avenidas principales de la capital. Hay 23 muertos y más de 70 heridos en la mayor tragedia desde el terremoto
Vista aérea del colapso de los vagones del metro en México. CARLOS RAMÍREZ

Despilfarro, retrasos y ahora un accidente con 23 muertos. La línea 12 del metro de la Ciudad de México siempre fue polémica y ahora puede cobrarse dos víctimas políticas de alto nivel, los posibles sustitutos de Andrés Manuel López Obrador: el canciller Marcelo Ebrard y la jefa de Gobierno de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum.

Inaugurada el 30 de octubre de 2012, la línea 12, conocida como la «dorada», cuenta con 20 estaciones y era la joya de la corona del metro capitalino, un sistema de transporte con más de 50 años de historia y a menudo tachado de obsoleto. Costó aproximadamente unos 27.000 millones de pesos (unos 1.700 millones de dólares de la época) y fue construida por un consorcio integrado por la francesa Alstom y las mexicanas ICA y Carso, propiedad del magnate Carlos Slim. Los trenes fueron diseñados y ensamblados por la española CAF.

El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) la calificó en 2014 como la obra pública más cara hasta la fecha en México. Gabriel Tarriba, que era consultor de la organización, dijo que era un «espectacular fiasco».

Además, una comisión legislativa de 2015 prácticamente duplicó su costo, situándolo en 45.000 millones de pesos (3.100 millones de dólares de entonces).

El día de la inauguración, el magnate mexicano Slim apareció sonriendo junto al entonces alcalde capitalino y hoy canciller, Marcelo Ebrard, su sucesor en la jefatura de Gobierno de la ciudad, Miguel Ángel Mancera, y el expresidente Felipe Calderón.

La alegría duró muy poco. En 2013 se canceló el servicio los fines de semana para la renivelación de rieles.

Y el Gobierno capitalino suspendió en marzo de 2014 el servicio de 11 de las 20 estaciones de la línea 12 tras encontrar problemas como desniveles, alta vibración y desgaste de las vías que ponían en riesgo la seguridad de los usuarios. En julio de 2015, se anunció la detención de tres personas relacionadas con la construcción de la línea 12. Y se buscaba a tres más.

La tragedia de este lunes tuvo su antecedente: el brutal sismo de septiembre de 2017 que impactó en la capital. Había grietas y caídas de pedazos en una columna del tramo elevado de la vía, ubicada en una de las principales arterias de la ciudad, la avenida Tláhuac.

En enero de 2018 finalizó la reparación de estos daños, muy cerca de donde aconteció este lunes el accidente. Se invirtieron 15 millones de pesos (unos 750.000 dólares al tipo de cambio actual). No obstante, los vecinos habían denunciado desde entonces el deterioro de la infraestructura en algunos puntos. En redes sociales, corren desde finales de 2018 imágenes de columnas agrietadas y visiblemente dañadas.

Con todos estos antecedentes, el dorado triunfal de la línea más moderna del metro se oxidó y desde siempre han corrido rumores sobre su seguridad. Entre algunos capitalinos, se recomendaba no usarla.

Y si bien ahora se ha anunciado un doble peritaje —nacional e internacional— para llegar al «fondo» del accidente y encontrar a los culpables, en palabras del presidente, Andrés Manuel López Obrador, todo lo acontecido hasta la fecha parecía un triste presagio.

La fatalidad de este lunes puede tener un costo político de altísimo nivel, pues están implicados el entonces alcalde y hoy canciller, Marcelo Ebrard, y la actual jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum. Ambos se perfilan como los posibles candidatos del partido del mandatario López Obrador, Movimiento Regeneración Nacional (Morena), en las próximas elecciones presidenciales del 2024. Ambos lucían ayer un semblante muy serio en la conferencia diaria en el Palacio Nacional, y aseguraron que se deslindarían responsabilidades. «El que nada debe, nada teme», dijo Ebrard.

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