martes 07.07.2020

León, ciudad menguante al borde del colapso

Sergio Tomé, geógrafo leonés y profesor de la Universidad de Oviedo, presentó en un congreso de Valencia un estudio que alerta sobre la decadencia de la capital leonesa en lo demográfico, urbanístico, ambiental y social y urge acción pública estatal para su regeneración.
Sergio Tomé Fernández es leonés y profesor del Departamento de Geografía de la Universidad de Oviedo. En la foto, en la calle Conde Rebolledo con La Rúa de fondo. FERNANDO OTERO
Sergio Tomé Fernández es leonés y profesor del Departamento de Geografía de la Universidad de Oviedo. En la foto, en la calle Conde Rebolledo con La Rúa de fondo. FERNANDO OTERO

«León capital tendrá dentro de veinte años entre 182.158 y 202.362 habitantes». La predicción que realizó el Ayuntamiento de León en 1993 no pudo ser más errónea. En 2019 la capital cuenta con un menguado padrón de 124.303 habitantes (56.307 hombres y 67.996 mujeres) después de haber alcanzado su cenit en 1991 con 147.625 habitantes.

El geógrafo leonés y profesor de la Universidad de Oviedo, Sergio Tomé Fernández ha estudiado la decadencia de León dentro del fenónemo de las shrinking cities o ciudades menguantes. El paradigma de Detroit se ha trasladado, a escala proporcional, a ciudades medianas tipo León, sostiene.

El profesor presentó el caso de la capital leonesa en el XXVI Congreso de la Asociación Española de Geografía bajo el título Shrinking cities de tamaño medio: La ciudad de León, ¿Detroit española?. Las causas «son múltiples». El diagnóstico es que «la decadencia de la ciudad de León ha alcanzado dimensiones críticas» y «la mengua puede derivar en colapso múltiple con proporciones desconocidas».

«La pérdida de vitalidad, el deterioro, la cantidad ingente de locales cerrados, la avanzada edad de los viandantes y la antigüedad de los automóviles» son estampas de esta decadencia. Las predicciones del Ayuntamiento de León fueron equivocadas, en parte porque sus políticas han sido erráticas. «La magnitud del retroceso», que destaca por encima de otras ciudades en España, se debe también «a las reconversiones minera, industrial y rural, la excentricidad respecto a los corredores de crecimiento, el aislamiento y la débil articulación regional».

El declive demográfico no es sólo una cuestión cuantitativa, sino también cualitativa. La edad media de la ciudad es de 49 años y «los mayores de 65 años incrementasen su peso del 22,82% al 26,1% entre 2010 y 2017», precisa. El grupo de edad dominante ronda los 60 años. Son el «lobby» que decide las elecciones.

La «degradación en cascada» se ve también en la tasa de actividad (50,8% en el tercer trimestre de 2018) o en la pérdida de un tercio del alumnado en la Universidad de León en lo que va de siglo. La caída del pilar de la industria química, Antibióticos (ahora ADL) —de 1.472 personas activas en 2009 a 240 en 2019— no ha sido amortiguada por empresas del sector —600 empleos— y el Parque Tecnológico, con 1.100, o el Incibe, con 70 puestos de trabajo, muchos temporales, no reemplazan las pérdidas. Sólo diez empresas de la capital tienen entre 200 y 433 empleos y la construcción, tras el pinchazo de la burbuja, ha pasado de 22.000 efectivos a tan solo diez mil, a lo que se suman los recortes en Adif y Renfe, de 1.400 a 800 personas en plantilla.

La Base Conde de Gazola, con 653 militares del 5º Batallón de Intervención en Emergencias, la UME, es el buque insignia del sector terciario. El logístico, con Telemark, Mercadona, Inditex y Decathlon suma de 800 puestos de trabajo. Este empleo —no incluye El Corte Inglés y otras cadenas y centros comerciales— no compensan «los cierres del pequeño comercio, con más de medio millar de establecimientos en la ciudad tradicional».

En los últimos años, León ha devenido en ciudad turística. En 2016 la afluencia de viajeros —443.446 viajeros, 73.695 más que en 2013— convierten a León en la ciudad de los turistas gracias al AVE. Pero el nuevo motor, advierte el geógrafo, se ralentizó en 2017 un 7% y hasta un 11% en 2018.

El profesor de la Universidad de Oviedo deja en evidencia al ayuntamiento. El Plan Especial del Casco Antiguo, advierte, está «necesitado de una revisión en profundidad» y el Plan Especial para el Conjunto Histórico del Camino de Santiago «nunca se llegó a realizar» pese a ser preceptivo desde que fue declarado BIC en 1999. La radiografía del casco antiguo es desoladora: el censo se ha reducido a la mitad desde 2014, hay 123 vacíos y otros 77 con una desocupación por encima del 50%; 43 ruinas y solares y 175 bajos y locales vacantes.

El derribo de tipologías vernáculas, como el edificio más antiguo de la ciudad o la casa del que fue presidente de la II República, Gordón Ordás, se suman a la deficiente conservación del patrimonio civil y a la sobreexplotación hostelera: 230 locales, 143 terrazas, más de 300 pisos turísticos... y mucha despedida de soltero.

El análisis pone el dedo en la llaga de las zonas inacabadas. De las 4.627 viviendas previstas en La Lastra, «se ha construido menos de un 25%» y «no todas habitadas». Y sin embargo, advierte, hay dos polígonos en marcha en La Serna-La Granja y la Azucarera.

La falta de reciclaje y la desinversión han creado grandes fósiles urbanos, como el cuartel de Almansa, la Estación del Norte y los talleres del ferrocarril y los antiguos teatros Trianón y Emperador y la Azucarera. Por contra, se han erigido «elefantes blancos» como el hotel Cortes de León o la Ciudad del Mayor, que sigue sin inaugurar desde 2012. El Ensanche también ofrece una estampa de declive con 49 edificios vacíos. La maternidad transformada en residencia de mayores, la guardería de Mariano Andrés en centro social y una discoteca de Conde Guillén reorientada para «edades provectas» son señales del envejecimiento de la ciudad.

Sergio Tomé señala el deterioro ambiental de La Vega y el Crucero, de las riberas del Bernesga, de la ciudad escasa de árboles y con alcorques que se tapan. El transporte es deficiente —sólo dos líneas de 13 circulan con frecuencia de 20 minutos— y el único bus eléctrico fue suprimido.

La ponencia concluye que «la decadencia urbana está repartida entre las distintas administraciones» con un papel fundamental del Ayuntamiento de León y los del alfoz. Y apunta a la raíz del fracaso: «Un modelo de intervención basado en el crecimiento en superficie, el urbanismo formal y la privatización de servicios. Ni el plan general ni el Plan Estratégico de 2018, añade, son lo suficientemente ambiciosos para la regeneración urbana «pues carecen de diagnósticos adecuados», precisa el geógrafo.

«Los leoneses pagan más impuestos que en otras ciudades y reciben peores servicios», alerta al señalar a la baja exigencia ciudadana y el débil movimiento vecinal. La gente de la cultura, cuadros profesionales, emprendedores y tradición obrera sustentan una sociedad civil «rica», que pierde influencia con la diáspora de gente mayor llegada de los pueblos, de mentalidad «individualista y conservadora». «La resistencia de colectivos con voz crítica choca con la mayoría pasiva», añade. La «aculturación» se hace patente en la pérdida de la toponimia tradicional, como se ve en los nombres de polígonos (58, 10 o área 17).

La situación de León en el siglo XXI dista mucho de la ciudad de comienzos del XX «que vivió el impulso modernizador que alumbró un magnífico Ensanche». En definitiva, señala el experto, la «crisis local adquiere dimensiones sin precedente cercano» y conduce «a la parálisis». «Hay escaso margen de resiliencia», sentencia, «si no se produce una intervención estatal que contrarreste el efecto desequilibrador del mercado global».

León, ciudad menguante al borde del colapso