miércoles. 10.08.2022
PATRULLA DE LIMPIEZA

A pájaros con el Mocho

La cuadrilla que limpia el río. Los Amigos del Mocho cumplieron ayer cuatro años de voluntariado ambiental en las márgenes urbanas del río Bernesga y lo celebraron avistando pájaros en la isla de San Marcos, sin dejar de cumplir su cometido; recogieron basura en abundancia
Los Amigos del Mocho cumplieron ayer otra misión de limpieza con puntualidad. ÁLVARO MIRALLES
Los Amigos del Mocho cumplieron ayer otra misión de limpieza con puntualidad. ÁLVARO MIRALLES

Amaneció el día nublado y con frío. Pero el domingo, primer domingo de mayo, atrajo a la margen izquierda del Bernesga, a la altura de la bolera de San Marcos, a gentes de todas las edades y géneros que bajo el nombre de Los Amigos del Mocho se citan para limpiar de basura tramos de este paseo urbano.

El domingo mañanero, con frío y todo, hace mover las piernas, a paso ligero o pausado, a otras gentes que sólo buscan oxígeno y una línea recta para quemar calorías y poner a tono el corazón.

Los Amigos del Mocho, antes de nada, van a pájaros. Provistos de prismáticos y situados estratégicamente frente a la isla del Bernesga contemplan a los martinetes que han anidado en los chopos. A través del cristal de aumento se pueden distinguir bien sus torsos blancos y las alas negras.

Este pájaro, familia de las garzas, ha resistido los embates de las lluvias en su período de anidamiento. No parece que haya sucedido lo mismo con las garcillas bueyeras. «Han desaparecido a pesar de que hace un par de semanas ya se podían ver sus nidos», comenta José Luis García Lorenzo.

Estas aves, de largo pico amarillo y plumaje blanco salpicado de mechas doradas, son originarias de África, pero hace unos años que alzaron su vuelo más allá del continente y se han hecho vecinas estacionales de San Marcos. Pero ayer no se dejaron ver. Así que Los Amigos del Mocho siguieron su camino por la margen izquierda con los pájaros en la cabeza y los pies (y los ojos) en el suelo en busca de los desechos que la gente tira al río o deja en sus orillas sin el más mínicmo miramiento.

Es difícil explicar, por ejemplo, que alguien cargue con un paquete de velas usadas y las arroje al pie de un árbol. «Hubiera sido más fácil tirarlo al cubo de la basura más cercano», comenta una de las voluntarias. La otra opción, que las velas fueran consumidas in situ implica que se asumió el riesgo de prender fuego.

Sea como fuere, allí estaban. Al igual que una cazadora, los restos de un botellón con calimocho incluido, los pedazos de una silla, toallitas desechables... Un total de 22 latas y ocho botellas de cristal con colilla incluida recogió Daniel, un niño de siete años que ayer renovó la posesión del brazalete del mocho por un mes más. «Quiero tener mi ciudad limpia y no fastidiar el mundo», dice el muchacho con orgullo y satisfacción por el trabajo hecho.

«No me gusta que la gente tire cosas», apostilla. Pero como el río amanece cada día con nuevos residuos la labor del mocho no parece tener fin, por ahora. Selma, una mujer jubilada, se acerca cada primer domingo de mes desde Mariano Andrés. «Fui a la oficina del voluntariado del chalé de Padre Isla porque quería hacer voluntariado en algo relacionado con medio ambiente y me hablaron de los Amigos del Mocho», explica.

«Estoy concienciada porque me parece que si no hacemos algo, ¿qué le vamos a dejar a nuestros hijos y a los que vengan detrás?», añade. Salir cada primer domingo de mes a recoger basura en las márgenes del Bernesga es una de las actividades que realiza dentro de su vida de jubilada activa: «También voy a la Universidad de la Experiencia y a gimnasia, camino... soy feliz. Estoy disfrutando de mi jubilación», apunta mientras recoge una bolsa y dice perpleja al ver su contenido: «Cogen la caca en una bolsita y luego la tiran».

Miriam, acompañada de su padre y su madre, es otra de las benjaminas de la cuadrilla limpiadora. Va bien preparada con guantes y con pinzas para coger sin dificultad los desperdicios que quedan atrapados entre zarzas y ortigas. Otras personas van armadas con un gancho. Y todas con una sonrisa en la cara. «Para los críos es un juego, pero al final es una forma de educarse y de coger cariño al río», explica otra mujer que va acompañada de sus dos hijos, Leo y Elliot.

Los Amigos del Mocho nacieron hace cuatro años (o quizás un poco antes). Estaba Paco Romo ‘pescando’ basura en la orilla del río mientras paseaba con su perro. Lo hacía por rutina y por no ver la ribera sembrada de desechos. A tal tiempo pasó por allí José Luis García Lorenzo, atento ciudadano y activista ambiental, y le preguntó si podía hacerle una foto para su blog Paseando por León.

Hablaron y decidieron poner en marcha la iniciativa: «José Luis puso el nombre y yo el día», explica Romo. Javier, otro de los fieles del mocho, vio un cartel para apuntarse en aquellos días y aunque tardó meses en decidirse ahora falla pocos domingos. Un tresillo, neumáticos, la rueda de un camión, carritos de niño y de la compra... Encuentran de todo.

Desde entonces más de 300 personas se han sumado a la actividad voluntaria. «Lo que no entiendo es que hay gente que viene una vez y luego no vuelve», apunta. Los Amigos del Mocho son un grupo ‘informal’, «no nos hemos constituido en asociación», matiza Romo, pero muy cumplidor.

«A veces somos ocho y a veces veinte», señala. En realidad, la labor de limpieza está contratada por el Ayuntamiento de León pero «sólo hacen lo horizontal, en las pendientes no se meten. Una vez nos dijeron que eso era competencia de la Confedederación Hidrográfica del Duero, pero parece ser que también les compete», apuntan.

Los Amigos del Mocho cumplieron ayer otra misión de limpieza con puntualidad. ÁLVARO MIRALLES

La margen izquierda del Bernesga es la más castigada por la basura. «Si juntáramos todo lo que hemos recogido saldrían toneladas», comenta Paco RomoLa cita siempre es en la bolera de San Marcos y luego deciden si ir río arriba, hacia el centro comercial, o río abajo, hacia la plaza de Toros. De momento, no quieren llevar el mocho más allá. «Si surge otro grupo para el Torío, estupendo, pero no nos podemos dispersar», afirma García Lorenzo.

El Bernesga aún necesita a esta cuadrilla. Y más lo va a necesitar después de las fiestas de San Juan, por causa de las hordas del botellón. Lo único que se les resistió ayer fue un colchón, cuyo peso hizo imposible que lo pudieran arrastrar entre varias personas. Para la próxima cita.

A pájaros con el Mocho
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