Diario de León
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ernesto escapa
León

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La burbuja navideña ha amortiguado el paseo judicial de los gestores de Bankia, entre los que se cuentan el vicepresidente de Aznar Rodrigo Rato y su ministro Acebes, además del villafranquino de IU José Antonio Moral Santín, que en el último recuento anual llevaba embolsados más de quinientos mil euros. Ese desfile por el alambre de la opinión pública, convocado en Madrid por el juez Andreu, mantiene la razonable expectativa de que también aquí pasen por el aro judicial consejeros y altos directivos de la catástrofe bancaria, para ver qué hubo y adónde fueron a parar los ahorros de nuestra gente. No es un afán justiciero gratuito ni sobrevenido, sino la razonable exigencia de una sociedad perpleja, que ha visto cómo le malbarataban su patrimonio colectivo y quiere saber qué y cómo se hizo para lograr semejante fiasco.

Ese runrún flota en las tertulias navideñas de Zamora y de Valladolid, de Palencia y de Burgos, de Salamanca, de Soria y de León. En Ávila y Segovia, que se apuntaron al desbarajuste de Madrid, ya han ido conociendo que algunos de sus representantes en las Cajas no se enteraban de nada, pero cobraban por mirar para otro sitio más de trescientos mil euros al año, mientras dejaban empeñada hasta la joya gótica del palacio de los Lozoya. Que es, para Segovia, como Botines aquí. Así que no puede extrañar la afición a saber de los leoneses del viejo Reino, acongojados desde hace años por la deriva de sus entidades. Lo que va trascendiendo, pone la carne de gallina. Pero no acaba ahí el daño.

De momento, con la ruina consolidada, hemos ido sabiendo el número de empleos que se van a perder, así como las oficinas que echarán el cierre. Sobre todo, en el medio rural, claro, que es de donde salió el ahorro para los despilfarros. También se va conociendo el acomodo de algunas de las caras del proceso de ruina, que en ningún caso hasta ahora ha sido penoso. En Burgos, el presidente que incorporó la caja a Banca Cívica, José María Arribas, resultó beneficiario de créditos que suponen un diez por ciento de los alcanzados por Santos Llamas en Caja España. En la actualidad, con aquella caja ya fagocitada por la Caixa, preside la empresa concesionaria del nuevo Hospital de Burgos, labor retribuida con un millón mensual de las antiguas pesetas.

De los gestores de la evaporación de Caja España-Duero, pocas cosas buenas se saben. De momento, me confirman y tengo que creerlo que estas Navidades no les han llevado a casa el baúl repleto de tentaciones gastronómicas que cada año por estas fechas les acercaba el reparto de unos grandes almacenes. Algo es algo, aunque a buenas horas mangas verdes. La Obra Social y Cultural feneció en medio de los dispendios, mientras los titulares de prensa del derrumbe fueron dando cuenta de los pellizcos que se llevaban en su despedida los gestores del desastre. Para los presidentes, créditos alegres o consejos de administración dadivosos, mientras el aguinaldo de los directores generales se consolidó en 1,3 millones. De euros, por supuesto. Aunque en Segovia fue más gordo. Con estos precedentes y lo que nos espera, nadie entendería que esta primavera las procesiones de la Semana Santa no fueran precedidas por otros desfiles menos venerables. Los de los directivos y consejeros de las Cajas de Ahorros echadas a perder.

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