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La andanada | pedro vicente

Desde que arreció la crisis, incluso antes, no ha habido sesión plenaria de las Cortes de Castilla y León que no se haya visto acompañada de alguna concentración de protesta en las inmediaciones de la sede parlamentaria. Trabajadores de empresas en crisis abocadas al ERE, colectivos damnificados por el rosario de recortes sociales, agricultores o empleados públicos se han turnado estos últimos años en el «manifestódromo» de Villa del Prado. Protestas condenadas siempre a un carácter testimonial, tras las cuales los movilizados volvían resignados a casa sin ninguna solución a sus reivindicaciones, todo lo demás alguna esperanza vaga y difusa deslizada desde el banco azul.

No recuerda el cronista que una reivindicación solicitada a las puertas del Parlamento fuera satisfecha unos minutos después dentro del hemiciclo parlamentario. Y tal satisfacción es la que obtuvieron ayer los vecinos de los municipios de la comunidad movilizados contra la decisión de la Consejería de Educación de trasladar a partir del próximo curso a institutos de otras localidades los estudios de ESO que actualmente cursan.

Ni ellos ni nadie podía esperar que el presidente de la Junta rectificara de forma fulminante dicha decisión, no sólo dejando en suspenso dicha medida, sino anunciando una prórroga de cuatro años, a la que incluso pueden reengancharse otros municipios afectados por esa medida a comienzos del presente curso. Una rectificación sin precedentes con la que Juan Vicente Herrera ha resuelto de raíz un conflicto de tanto alcance o más que el suscitado por la supresión de las guardias médicas nocturnas en otras zonas rurales de Castilla y León.

«Créame que me ha dado una grata sorpresa», dijo el portavoz socialista. Óscar López, casi frotándose los ojos ante el anuncio presidencial. No era para menos, dado lo inusual del caso. Herrera podía haberse limitado a dejar la puerta abierta a una marcha atrás y ordenar al consejero de Educación, Juan José Mateos, que en días próximos revocara la medida.

Pero por razones que nunca sabremos, el presidente decidió aprovechar la pregunta del portavoz socialista para zanjar el asunto de manera terminante. Ello a costa de conceder un generoso regalo político a López —al que se le notó exultante— y de dejar en una situación bastante desairada a Mateos.

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En contraste con esa generosidad hacia el portavoz socialista, Herrera contestó en un tono bastante destemplado la pregunta con la que el leonesista Alejandro Valderas cuestionaba la celebración del 23 de abril y la labor de la Fundación Villalar. Tras acusar a Valderas de arrogarse la representación de una mayoría que no tiene, el presidente de la Junta defendió la fiesta oficial de la comunidad y rechazó que se ponga en cuestión de la actual comunidad autónoma. «No se enfade. La revisión del mapa autonómico es un debate abierto», argumentó el leonesista. Pero Herrera se había cabreado y remató su intervención mencionando, nombre a nombre, a las dos docenas de leoneses que han sido distinguidos un 23 de abril con el Premio Castilla y León. Ciertamente, un elenco abrumador.