Diario de León
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ernesto escapa
León

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Ahora desfilamos aturdidos hacia el precipicio. El batacazo de los 6.202.700 parados ha tenido un efecto efervescente, porque se mire como se mire, descalifica a los sucesivos gestores de la pesadilla. Además, sus efectos alcanzan a todos los territorios y sectores de actividad, de manera que Castilla y León ya desbordó los 262.000 desempleados, mientras nuestra provincia se acerca a toda prisa a los cincuenta mil. Pero el palmetazo de las cifras, además de alertarnos, debe servir también para reflexionar, porque en este tramo de destrucción masiva de empleo, León ha ido perdiendo pujanza en actividades que durante décadas dieron solvencia a su economía, y fuelle en sectores emergentes que apuntaban a un relevo de actividad menos traumático.

Señalo, sin demora, la devastación de la minería, la caída agrícola y ganadera, la conversión de amplias zonas de la provincia en solar improductivo y progresivamente despoblado, la deslocalización industrial y el declive creciente de los servicios. No es un panorama como para ponerse a cantar. De la suerte de la minería, que singularizó durante un siglo la prosperidad de la provincia, ya casi nadie se acuerda. Su deriva se ha convertido en un recurso fúnebre, que sólo despierta cuando la gente de los valles del carbón baja a la ciudad para manifestarse. El resto de los manejos que afectan a la minería oscila entre los desdenes gubernamentales y la picaresca. Sin avanzar hacia un horizonte de actividad viable. Los daños al campo y a la ganadería han reducido el sector a una supervivencia también seguramente terminal. Se libran las producciones que adquieren valor en su transformación agroalimentaria y ese filón constituye un ejemplo a seguir.

Con la caída del consumo y la ruina del músculo financiero, apenas logra mantener el aliento nuestro sector turístico. Pero en ese ámbito acumulamos culpas que van más allá de los malos tiempos para todos. Si miramos a la capital, parece vergonzoso que fiestas tradicionales de tanta raigambre como las Cantaderas o las Cabezadas sigan siendo sucesos locales, porque ningún gobierno municipal se ha tomado la molestia de promover su declaración de Interés Turístico Nacional. En serio, más allá de anuncios oportunistas que se repiten cada año. Y si abrimos la mirada a la provincia, tenemos a oriente el abandono de Picos de Europa y a poniente el desdoro de las Médulas, posiblemente el monumento natural más atractivo de la península, que además cuenta con la vitola de Patrimonio de la Humanidad. La memoria del oro conserva todo su gancho milenario, pero la gestión del legado ha ido malogrando su entorno en una deriva que ojalá se detenga de una vez. Por el bien de todos.

En cuanto a nuestra parcela del Parque Nacional de Picos de Europa, es la única que carece de los servicios básicos para su disfrute turístico. Y no siempre fue así. Durante 18 años contó con un Parador, que se cerró en 1969 para anegar el valle de Riaño, pero en casi medio siglo ningún gobierno ha tenido ganas de cumplir aquel compromiso firme de reposición. Y tampoco se ha dotado a Picos de unas instalaciones medioambientales que faciliten el acceso de visitantes. Nada más que las dotaciones que ya hay en todos los espacios naturales fuera de León. Porque aquí todavía andamos a medias, esperando que abra sus puertas este verano la Casa del Parque de Babia.

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