VERLAS VENIR
El juego de los relevos
Incluso pisando agosto, el trajín de los políticos solapa los problemas de la gente, que se van viendo desplazados sin encontrar arreglo. Pasan los meses y no se esclarece ni un ápice el lodazal de la gestión pública de Caja España Duero, que ahora trata de esconder sus vergüenzas llamándose Banco Ceiss. La pasada semana se conocieron las cuentas del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) correspondientes a 2012. Sin prisas, después de siete meses. En resumen, se han perdido 25.205 millones de los 39.838 engullidos ese año por el sistema bancario. Pero el balance no queda ahí. Si se suma la sangría de los dos años anteriores, la gotera para los contribuyentes alcanza los 36.931 millones. Y el sablazo definitivo tampoco es ese, aunque el desvío ya supone una cifra comparable a los recortes nacionales en Sanidad y Educación.
Porque es más grave. De hecho, este año los españoles volverán a ver perjudicado su nivel de vida por el agujero creciente de Catalunya Banc y Novagalicia, ya en fase de subasta. De momento, sus directivos y gestores están haciendo el desfile parlamentario y judicial. Caja España Duero y su máscara Ceiss valen cero euros, después de haber trasquilado 525 millones en un galopante proceso de deterioro. Pero en su informe el FROB ya asume que tendrá que inyectarle otra morterada de millones para sufragar el engaño de las preferentes y la deriva de las cláusulas suelo hipotecarias. En uno y otro caso, las víctimas de Caja España Duero, a diferencia del resto, tienen que defender sus intereses judicialmente, sin ninguna medida de arbitraje. Es la maldición de tener la clase política que tenemos. En cambio, mantenemos al frente de esa pesadilla a los directivos mejor pagados, que después de premiar generosamente a sus predecesores siguen embaulando una millonada al mes, como si lo suyo fuera un éxito. Sin dar un ruido y residenciados en Madrid, que está lejos del cabreo de la gente y sale más caro.
De momento, son los únicos que no han tenido que pasar por una comisión parlamentaria de investigación ni por los juzgados. Por aquí echamos el tiempo en otras cosas. A pesar del abuso demostrado en «la venta de preferentes a impositores como si fueran simples depósitos a plazo fijo», no pasa nada y ni se inmutan. Uno de los partícipes en el engaño, como consejero espléndidamente retribuido de Caja España, fue Fernando Martínez Maíllo, presidente del partido popular y de la Diputación de Zamora. Menciono su nombre porque después alborotó lo que pudo, tratando de volcar la irritación zamorana sobre sus compinches. Lo ha vuelto a hacer esta semana, a propósito de la reforma local aprobada el viernes por el Consejo de Ministros. Con un desparpajo preadolescente, capaz de mudar su criterio mes a mes. Sin dar palo al agua y feliz con los barullos. Propagando quinielas del relevo de Herrera, en las que siempre se apunta como timón político de la nueva Junta. El último enredo que circula con su sello por los mentideros de Valladolid avecina el recambio europeo de Almunia por Cañete y el traslado de Herrera al ministerio de Agricultura, para hacer hueco. Maíllo casó hace un par de años con la nieta carioca del Pichurro de Valderas y a su primera toma de posesión en la plaza de Viriato acudió acompañado por la estrafalaria Aída Nízar. Él es así, pero no está solo.