VERLAS VENIR
Un tiro al pie
Lo que menos podía suponer el dúo ejecutivo de la Ceiss (Caja España de Inversiones Salamanca y Soria) en Madrid, cuando dirigió su carnívoro cuchillo de ala dulce y homicida a la anterior cúpula de Caja Duero, es que aquella acometida se iba a convertir en un tiro en sus propios pies. Evaristo del Canto y José María de la Vega tienen una sede de lujo en la milla de oro de Madrid y desde ese mirador opulento debieron considerar una chapuza que los del Duero gastaran noventa millones en echar un cable a la agobiada constructora Nozar. Casi 56 millones pagados por una deshabitada torre de oficinas junto a la Estación Sur de Autobuses, a la entrada de Vallecas, más un colgante de otros 35 millones de crédito, avalados con quesos, embutidos y el malbaratado balneario de Panticosa. Un gatillazo de no creérselo. Pero no queda ahí el disparate. Ayer desveló nuestro periódico cómo aquel torreón de la risa incrementó en un solo día (6 de abril de 2008) su precio en casi 17 millones de euros mediante el birlibirloque de ir inflando la tasación, que pasó en horas de cuarenta a cincuenta y seis millones. Como decíamos en los juegos infantiles, que siga la bola y que viva Bartola.
De momento, los responsables del derroche continúan disfrutando las orondas percepciones que nuestras arruinadas entidades de ahorro previeron para su jubiloso bienestar. No son los únicos, pero sí de los mejor pagados a este lado del Guadarrama. Aunque ha surgido un contratiempo inesperado. O no tanto. Resulta que en cuanto el juez echó un ojo a las actas de Caja Duero, para revisar la operación, pudo comprobar que el actual director de la Ceiss, José María de la Vega Carnicero, no estaba allí de miranda y también lo imputó, junto al catedrático Julio Fermoso y a su director general Lucas Hernández. A quién se le ocurre mirar las actas de una entidad devastada. Ahora la expectativa razonable radica en aguardar a ver si los imputados del Duero acusan a sus colegas de Caja España, de manera que haya azotaina para todos. Una vez que sale a pasear el carnívoro cuchillo de ala dulce y homicida entre bandas rivales ya no cabe reclamar sosiego. Nunca jamás.
Los cazadores que estos días se quejan, como es su costumbre, de lo pobre que viene este año la temporada, saben bien que un tiro en el pie sólo se le dispara al más bobo entre muchas cuadrillas. Pues resulta que aquí aspiramos al pleno. Un ojeo a la engatada del aeropuerto nos muestra cómo su consorcio libró en un año más de un millón de euros a una empresa que ni siquiera disponía del preceptivo certificado de operador aéreo. ¿Es que nadie examina los requisitos imprescindibles antes de suscribir acuerdos que llevan a nuestros paisanos a volar con autobuseros? Esas aventuras acaban siempre mal, como ya sabemos, con rescates de pesadilla. Y ya no es la primera pifia, que antes de Good Fly estuvo Lagun Air.
La escalonada apertura del curso académico nos muestra las dificultades de muchas familias para hacer frente a los gastos en material y matrículas, sin olvidar la obscena evidencia de que ya hay niños que acuden al colegio sin una alimentación correcta. Una situación que eriza la piel, sobre todo si se pone en contraste con los disparates y abusos perpetrados por los gestores de nuestras arruinadas entidades de ahorros. Ahora toca exigir que la justicia revise sus excesos.