A SIETE DÍAS VISTA/Rosa Masegosa
Un debate que pasará sin pena ni gloria
Nada ha cambiado para los ciudadanos de Castilla y León tras la celebración del debate sobre el estado de la comunidad. A pesar de la expectación generada, del tiempo y los medios dedicados, el debate más importante de la legislatura, como tantos otros, ha terminado pasando sin pena ni gloria. Pero esta vez, la culpa no puede achacarse a la indiferencia política de los castellanos y leoneses, muchos de los cuales no saben cómo es la cara de su presidente ni distinguen entre Junta y Cortes. La culpa es sin duda del guión teatral que se interpreta todos los días en la esfera parlamentaria, y del que nadie parece querer saltarse ni una línea. Al final, los resultados de toda la actividad que se desarrolló estos días en las Cortes de Castilla y León se quedó en un par de discursos más o menos bien escritos; algunas, más bien pocas, propuestas llamativas, -por supuesto, finalmente rechazadas-, y un buen montón de iniciativas populares aprobadas, a pesar de que, en su gran mayoría, sólo servían para recordarle al Ejecutivo autonómico lo que ya debería saber que tiene que hacer. Hasta las escasas propuestas de Izquierda Unida y Tierra Comunera que obtuvieron el visto bueno de los populares no hacían otra cosa que reiterar objetivos ya anunciados por la Junta, como la necesidad de impulsar las energías renovables o de apoyar los nuevos regadíos. Pero si se parte de la base de que los discursos del presidente de la Junta y los portavoces parlamentarios contribuyeron realmente a conocer un poco más cuál es el verdadero estado de la comunidad, hay que señalar que el de Juan Vicente Herrera, cayó en el error de convertirse en un mero balance de su actuación al frente del Ejecutivo autonómico. Durante su extensa y técnica alocución no se escuchó ni un solo atisbo de autocrítica y, mucho menos, una sola mención a aquello de «lo mucho que nos queda por hacer». Por su parte, el portavoz del grupo parlamentario socialista, José Francisco Martín, arremetió contra el presidente durante un reivindicativo discurso que partía de una visión de la comunidad terriblemente más pesimista que el idílico paisaje que había pintado Herrera durante su intervención. Precisamente ése fue su error, puesto que todo el mundo sabe que ni todo va tan bien como creen los populares ni tan mal como reprocha la oposición. La huelga general del pasado 20-J, la condena de Ismael Álvarez y el conflicto de Fontaneda, -palabra a la que por cierto Herrera pareción ser alérgico durante su intervención-, estuvieron presentes en el discurso de José Francisco Martín como principales armas de batalla. Las del presidente de la Junta no fueron otras que los pasados fracasos de anteriores gobiernos socialistas, excusa que, por otro lado, resulta excesivamente utilizada por los miembros del grupo parlamentario popular. Por lo menos el portavoz de la Unión del Pueblo Leonés, Joaquín Otero, fue el más realista en sus planteamientos. Además de reclamar, sin ningún tipo de pelos en la lengua, soluciones a todos y cada uno de los problemas que atañen a la provincia de León, se mostró claro y contundente en otra serie de peticiones, como la de una ayuda periódica a las familias que tienen hijos, en lugar de las escasas ayudas que la Junta ofrece de una sola vez a los castellanos y leoneses. Sin embargo, el leonesista se mostró incoherente en las formas. En lugar de apoyar al menos algunas de las muchas iniciativas socialistas que defendían históricas reivindicaciones de la provincia de León, los leonesistas echaron todas en el mismo saco y, ante el desencanto general que les había producido todo el debate, votaron en contra de propuestas socialistas como la que reclamaba el circuito de La Bañeza para León, entre otras muchas. A pesar de este imperdonable lapsus, dicen que fue el secretario regional de los socialistas castellanos y leoneses, quien realmente perdió en este debate una buena oportunidad, -quizá la mejor de los últimos años-, para demostrar algo. Pero, como no podía ser de otra forma, Angel Villalba se mantuvo durante todo el debate en la tribuna reservada a los invitados. Eso sí, muy atento, y siempre tomando notas sobre lo que sucedía en el hemiciclo. Hay quien piensa que su gran deseo sería el de haber estado en la otra tribuna, la parlamentaria, para poder enfrentarse «cuerpo a cuerpo» con Juan Vicente Herrera. Aunque los socialistas insisten en que no tienen ningún problema interno por contar con dos cabezas visibles: una la del líder del partido regional y otra la del portavoz que defiende el discurso socialista en las Cortes de Castilla y León, lo cierto es que este último debate habría sido un buen entrenamiento para Villalba de cara a las próximas elecciones municipales y autonómicas. Precisamente la existencia de más autores que discursos fue la verdadera guindilla del debate sobre el estado de la comunidad. Mientras los socialistas echaban en cara al presidente de la Junta su servilismo hacia los criterios que se dictan desde el Gobierno nacional, Herrera acusaba a José Francisco Martín de ser únicamente el lector de un discurso escrito por Villalba. De ahí tan solo hubo un paso para llegar a decir que el texto de Juan Vicente Herrera había sido enviado desde la madrileña calle de Génova, mientras que el del PSOE se había dictado en la de Ferraz. Una vez más, la forma en vez de fondo protagonizaron un debate parlamentario que se supone iba a servir para impulsar la acción del Ejecutivo autonómico en lo que queda de legislatura pero en el que finalmente tan sólo se aprobaron 74 de las 211 propuestas presentadas, la mayoría de ellas ya previstas en el propio programa electoral del PP. Sin embargo, lo verdaderamente triste es que mientras para unos pocos se trataba de uno de los encuentros políticos más importantes del año, para la inmensa mayoría de los ciudadanos de a pie ha pasado sin pena ni gloria. Con tanta alusión al callejero madrileño, los castellanos y leoneses se han quedado exactamente igual que estaban.