| Crónica | A siete días vista |
No hay que enfadar al jefe
Nadie le preguntaría al presidente de la Junta lo que opina sobre las declaraciones de los miembros del Ejecutivo autonómico si éstos no se empeñaran en hablar a destiempo, como últimamente

Villalba saluda a Silvia Clemente antes del inicio de un pleno
Estos días no se habla de otra cosa que de aguas revueltas en Caja España y de declaraciones a destiempo en el seno del Ejecutivo autonómico. Para que las primeras vuelvan a su cauce todavía habrá que esperar un poco. Al menos hasta que se celebre el Consejo de Administración de la semana que viene, en el que se elegirá definitivamente al sustituto de Evaristo del Canto al frente de la entidad. Respecto a las segundas, ya lo dijo el propio Herrera. Parece que últimamente se ha puesto de moda preguntar al presidente por los comentarios poco acertados de los miembros de su equipo y, más recientemente, de sus segundos de a bordo. Claro que si éstos no hicieran declaraciones tan llamativas como las de los últimos días, nadie sentiría curiosidad por la opinión del jefe del Ejecutivo. Primero fue lo de la entrevista de Silvia Clemente, una de las más leídas de los últimos tiempos. No tanto por su contenido «cultural» como por el morbo de sus referencias a su antecesor en el cargo, Tomás Villanueva. Si bien la polémica parece haberse acallado, el PSOE ha decidido no olvidarla del todo. Tanto es así que, además de recordarla siempre que surge la oportunidad, el secretario regional de los socialistas, y a la par portavoz en el Parlamento autonómico, Ángel Villalba, presentará una pregunta de actualidad sobre esta cuestión al presidente Herrera en el próximo pleno de las Cortes. Habrá que esperar a ver qué contesta, aunque para entonces, el tiempo transcurrido y la llegada del espíritu navideño seguramente habrán acabado con cualquier resquicio de «cabreo» que pudiera haber existido. Otra ocasión de «enfadar al jefe» la ha protagonizado la directora general de la Mujer, Magdalena González, quien no debió tener muy buen día el pasado jueves, cuando afirmó que la última víctima de la violencia doméstica, que fue degollada en León, no habría sido asesinada si no hubiera abierto la puerta a su agresor. Además de ser un comentario bastante simple (puesto que una puerta no puede evitar un asesinato que podría haberse cometido en calquier momento), la directora general pareció dar a entender que echaba la culpa a las propias víctimas. Aún lejos de creer que ésa fuera su intención, lo que está claro es que los responsables de cuestiones tan delicadas como la atención y protección a mujeres maltratadas deberían tener muy claro cuál es el mensaje que deben transmitir a los ciudadanos. Ante la falta de tacto de Magadalena González, el PSOE no ha perdido el tiempo en pedir su dimisión, algo que, si bien parece exagerado, se produce en un momento en el que la violencia doméstica ha dejado de ser una noticia de sucesos para convertirse en un auténtico problema social. La propia consejera de Familia, Rosa Valdeón, hablaba hace poco de «cuestión de Estado». Si esto es así, todo el mundo debería empezar a tomárselo en serio.