Diario de León
Publicado por
josé javier esparza
León

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Se ha acabado el curso, que es lo mejor que nos podía pasar. Llega el uno de agosto con una cierta atmósfera de campana que salva al púgil noqueado. Quien lo dude, que vea a J.J. Vázquez estrellando un plato en el suelo de Sálvame ; una esquirla salió disparada y le sacudió a Karmele en una pierna, provocándole una leve herida que la cámara nos vendió como caudalosa hemorragia.

Era la señal indudable: esto ya no da más de sí; que vengan las vacaciones y bajen el telón. Ha sido el año del Mundial y del apagón analógico, claro, pero han pasado además otras muchas cosas importantes.

Fastos deportivos al margen, citemos sobre todo tres: uno, la desaparición de la publicidad directa en TVE; dos, la crisis financiera de los canales, que se ha saldado con fusiones al borde del abismo; el tercero, la escalada de la indecencia en el telecotilleo, que ha llegado más lejos que ningún año. Las tres cosas tienen mucho que ver entre sí y han venido a envolverse en una ley audiovisual que parece pensada para dar gustirrinín a los canales y desproteger aún más al espectador. Vamos a ver: desaparece la publi de TVE para beneficio de los canales privados, y el lenitivo, que alivia a todos, permite además mimar especialmente a dos canales en busca de autor, ambos escandalosamente respaldados por el mismo Gobierno que hace la ley e incluye la trampa. ¿Qué trampa? Que el espectador quede atado de pies y manos ante los canales.

Todos estos movimientos han puesto de relieve la singular naturaleza del Gobierno español, dispuesto a echar una mano al estatus quo televisivo por razones que evidentemente tienen poco que ver con la caridad. Es significativo que las multas más notables amagadas por el Gobierno tengan que ver con conceptos ideológicos. Cuando uno convierte la moral en guía de la política se arriesga a caer en el puritanismo (véase el caso norteamericano), pero cuando uno convierte la política en guía de la moral se arriesga a caer en o en el cinismo o en el totalitarismo, y va pareciendo que eso es lo que va a pasar aquí. Menos mal que ha llegado el verano.

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