El invento del maligno
Éboli
josé javier esparza
Antena 3 ha estrenado su miniserie sobre La princesa de Éboli , coproducida con Notro. Tiene un aspecto excelente en vestuario, decorados, ambientación Una magnífica cáscara. Otra cosa es lo que hay dentro. La serie empieza con una escena de esgrima y sigue con otra de cama. La primera es verosímil, la otra es gratuita y, probablemente, falsa. Para curarse en salud, La princesa de Éboli abre con un letrero donde nos informa que los personajes son reales, pero las situaciones son imaginarias; en su descargo, el productor invoca las lagunas del conocimiento histórico. O sea que, de entrada, ya sabemos que nos van a contar alguna trola. Sería tolerable si no fuera porque la trola mayor afecta al núcleo del episodio, a saber: la implicación de Felipe II en el asesinato de Escobedo, secretario de Juan de Austria. Semejantes desajustes se multiplican en otros aspectos del relato. Y como todo eso se mezcla con circunstancias muy reales, como el asunto portugués, el batido resulta un tanto indigesto. Las interpretaciones son igualmente irregulares. La Éboli que pinta la serie es ante todo una seductora y Belén Rueda se adapta bien al papel, pero hace falta un esfuerzo sobrehumano para encajar a Antonio Pérez en la piel de Hugo Silva.
Antena 3 juega con una baza importante: en España ya hay generaciones enteras que lo ignoran todo sobre Juan de Austria, Felipe II, Antonio Pérez y la propia princesa, de manera que cualquier cosa cuela. En cuanto al guión, tiene cosas rarísimas.
Por ejemplo, he aquí que llega Escobedo a la corte de Felipe II y empieza a leer una carta de Juan de Austria; en ese momento, la historia hace un quiebro, nos quedamos sin conocer la carta -apenas apuntada después- y en su lugar vemos un parlamento superfluo a cargo de la camarera de la princesa. Por fortuna, son errores escasos. Balance: es magnífico que nuestra televisión se incline sobre la Historia de España, porque es un vivero narrativo inagotable, pero se agradecería que, a la hora de la reconstrucción, hubiera no solo respeto, sino también amor a la historia real.