El último acorde de Benavente
Esta semana se cumplen 32 años de la muerte del músico, ex miembro de Alaska y los Pegamoides, que murió en accidente de coche tras tocar en la sala Tropicana de León con su banda Parálisis Permanente.
Suele decir Víctor Coyote, músico legendario y en activo desde los años 80, que uno de los genios de aquella explosiva generación fue Poch, el líder de los donostiarras Derribos Arias. Para otros muchos, Eduardo Benavente (Madrid, 30 de octubre de 1962 - Alfaro, 14 de mayo de 1983) tenía todas las papeletas para convertirse en cabeza destacada. El 13 de mayo de 1983, Benavente, con su flamante banda Parálisis Permanente, formación en la que estaba su entonces pareja Ana Curra, junto a Toti, Rafa Balmaseda y Antonio Moreno, tocaron en León en el que fue su último concierto. Llevaban cuatro tan sólo de promoción de su disco El acto. Esa misma noche partieron hacia Zaragoza.
Años después, la propia Ana Curra habló del accidente y contó el cúmulo de desgracias que se cebaron sobre ellos aquella fatídica noche. Mucha lluvia, un limpiaparabrisas roto que les hizo desviarse de la autovía, un reventón y una salida de la carretera y un siniestro que se saldó con la muerte de Eduardo Benavente; y las heridas graves tanto de Curra, como del otro ocupante, el también desaparecido muchos años después Toti Árboles, que fue exitoso batería de La Frontera.




Un recorte de prensa sobre la muerte de Eduardo Benavente. Cartel anunciador del concierto de León. Ana Curra y Eduardo Benavente y portada de uno de sus discos. ARCHIVO
Por aquellos años, la presencia de estas bandas emergentes que comenzaban a fascinar, incluidos Los Cardiacos, se daba con cierta frecuencia en León, aunque las carencias culturales se reproducían al igual que en otras ciudades. La Tropicana, entonces regentada por Manuel Rabadán, era una auténtica catedral; al igual que La Mandrágora, que nada tenían que envidiar a salas de capitales más grandes.
El concierto reunió a aficionados de todo pelaje. Y a todos asombró ese look siniestro, esa delgadez ensimismada, o, en definitiva, esas pintas punk que parecían importadas de otro mundo. Musicalmente, Parálisis Permanente ya eran muy valorados. Kike Cardiaco recuerda aquella fecha, junto a otras: «Hicimos unos cuantos conciertos. Utilizábamos nuestro equipo de sonido. También trajimos a Gabinete Caligari, Decibelios... y algunos más. Parálisis metió entre 400 y 500 personas».
Su compañero de aventuras Toño Pedrada, teclista y saxofonista de Los Cardiacos, recuerda: «Conservo el flyer original y el cartel de aquel concierto. Teníamos el equipo de sonido que compramos con el dinero de los premios que ganamos en la plaza de toros de Las Ventas y el de Valladolid al día siguiente de la vuelta a León. Así que, cuando no tocábamos, organizábamos conciertos con él. La Polla Records, Glutamato Yeyé... El contrato aquel lo firmé yo, ¡ay!, por la parte contratante. No he encontrado a nadie que tenga fotos de aquel día. No era como ahora, que todo el mundo dispara a ráfaga...», rememora.
Kike Jiménez, también en activo en la actualidad con un más que lúcido proyecto musical en solitario, se acuerda de una circunstancia de aquel fatídico día: «Hubo una fiesta esa noche en una casa particular pero yo no fui», dice. Y resulta que el grupo, aunque estaba invitado, tampoco, porque prefería emprender viaje a Zaragoza sin hacer noche en León. ,Otro dato curioso que rescata Jiménez es el de que las entradas anticipadas se vendieron en una casquería de la plaza del Conde. Aunque igual de curioso resulta ahora saber que a día de hoy se han llegado a pagar hasta 35 euros por alguno de aquellos boletos.
Actuación leonesa
Si Kike Cardiaco cuenta que «estuvieron bien ese día y Benavente tenía el carisma que se esperaba», Toño Cardiaco aporta una visión más ácida: «¡Oh! Iban dotados de aquel aura de somos de Madrid, vamos de negro y no hablamos mucho y menos con cualquiera de provincias», suelta con ironía. Carlos Luxor, que tocó en Dinarama, Metálicos, Fangoria, McNamara y colaboró activamente como teclista y músico en Madrid con los grandes de la Movida, también ahora en activo en Los Positivos, fue otro de los que estuvo en el concierto. Para Luxor, «fue de lo que más me ha gustado en español. No lo conocí, tenía 17 años en su último concierto, entré de milagro», narra y demuestra que ya por entonces tenía cierta vocación fetichista: «Cuando salí vi un taco de las entradas (sin entradas) y todavía me queda alguno, aunque he regalado unos cuantos», asegura.
Otro que estuvo ese día es Gabriel Quindós, que acaba de editar su primer libro Otras nubes, otras lluvias, y que es uno de los grandes conocedores de los conciertos que ocurren en León desde hace años, recuerda: «Benavente creó estilo: hombros encogidos al cantar, inclinado hacia delante con los pies juntos y una rodilla doblada. En esa juventud, los que parecían sufrir tormentos íntimos gozaban de un irresistible magnetismo», matiza.
Uno de los periodistas musicales más importantes de este país, Santiago Alcanda, de Radio 3, aunque confiesa no haber sido muy seguidor de Eduardo Benavente, sí que aporta una cuestión más que interesante: «Más que apuntar, demostró maneras con fidelidad al punk. No soy experto en Benavente. Me pregunto cómo fue su progresión al pasar de formar grupo con Nacho Cano a Parálisis Permanente...», deja en el aire el creador del imprescindible programa Como lo oyes.
De esta manera, Eduardo Benavente dejó muchas incógnitas en el aire. Por mucho que se empeñen algunos, su perfil no era el de un tipo autodestructivo. Con apenas 17 años era batería de Alaska y los Pegamoides. Pudiera ser que seguía los pasos de Joy Division y que quisiera ser su alumno aventajado.
Sin duda, en León dejó una huella inolvidable, que fue el honor por nadie querido de que diera en la Tropicana su último acorde.