Diario de León

Un plan para la ‘Capadocia leonesa’

No es lo mismo verlas desde la carretera que pasear por el itinerario habilitado recientemente en torno suyo para darse cuenta del gran atractivo de estas cuevas olvidadas, refugio de ermitaños desde el siglo X. Ahora, Villasabariego espera una ayuda del ILC para hacerlas visitables..

Publicado por
E. Gancedo
León

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Igual que muchas cuevas y pozos recorren estos montes y cárcavas —esta especie de proa arcillosa que es último contrafuerte de la montaña antes de que reine la llanura—, lo mismo se encuentran barrenados de leyendas. Cuentan en la comarca que las llamadas Cuevas Menudas del municipio de Villasabariego, unos eremitorios medievales que datan del siglo X y que por primera vez están a punto de hacerse visitables, conectaban estos viejos oteros con Rueda del Almirante, hoy un tranquilo pueblecillo pero, en tiempos, cabeza de un muy poderoso señorío. «Cuando los moros atacaban Rueda, la gente podía salir por las cuevas, y al revés también», narra un paisano de la zona. Los Ojos del Moro o Los Ojos de la Mora llaman también a los dos solitarios hoyos ubicados justo debajo de Lancia, no lejos de las Menudas, y que dan al erosionado farallón un fantástico aspecto de cráneo.

Desde la carretera se ven esos ‘ojos’ y en la zona, sobre todo en el pueblo de Villasabariego, las llamadas Cuevas Menudas o Las Cuevonas —escondidas en un repliegue de la ladera— han venido formando parte del paisaje familiar y sirviendo de escenario a variadas escapadas juveniles, pero hasta el momento nunca habían sido meta turística, imán para el viajero. Y eso a pesar de su innegable atractivo —son más grandes y numerosas de lo que se aprecia desde abajo— y de la suma de atractivos históricos y monumentales del interfluvio Esla-Porma: al lado mismo de los restos de la gran ciudad astur-romana de Lancia, junto a la villa amurallada de Mansilla de las Mulas y en un área que incluye los hermosos monasterios, en vestigio, en pie y en uso, respectivamente, de Eslonza, Sandoval, Escalada y Gradefes. Por si eso fuera poco, el Camino de Santiago corre a sus pies y la capital leonesa no dista mucho más de 15 kilómetros. A pesar de todos estos puntales, los planes relacionados con la puesta en valor de las cuevas ermitañas no han pasado de eso, ideas, aspiraciones y sueños. Hasta este momento, porque el Ayuntamiento de Villasabariego se adhirió el pasado mes de enero a la convocatoria de ayudas hecha pública por la Diputación, según la cual la administración leonesa daría un máximo de 200.000 euros a cada proyecto de restauración o recuperación de enclaves históricos y artísticos, dando por segura la concesión de la subvención a los que gozasen de la categoría de Bien de Interés Cultural, como es el caso de las Menudas. Para ello, el Ayuntamiento encargó un proyecto encaminado a «consolidar las cuevas y hacerlas visitables», como explicó al Diario el alcalde de Villasabariego, Pedro Cañón. «La idea es, en primer lugar, hacerlas accesibles por medio del afianzamiento del pequeño sendero existente, la instalación de plataformas de madera y asideros de cuerda en las zonas más expuestas, y con la habilitación de un balcón-mirador en sus inmediaciones, que ofrece una vista magnífica de la zona». A la vez, el proyecto contempla «la consolidación de las cuevas para impedir filtraciones de agua y que continúe habiendo derrumbes», añadió Cañón, haciendo ver cómo antes había dos niveles, dos pisos de ellas, y cómo en las últimas décadas han desaparecido algunas. «En realidad, esto se tenía que haber hecho hace cuarenta o cincuenta años», lamentó.

El municipio espera que se resuelva pronto la convocatoria y, mientras tanto, ya ha avanzado trámites solicitando a la Junta la autorización de este uso excepcional de suelo rústico, como consta en el Bocyl.

Aunque en un principio se creyeron de época prehistórica por las figuras inscritas en sus paredes, y en gran parte desaparecidas —queda algún símbolo cruciforme realizado por los ermitaños, el vandalismo ha hecho estragos aquí—, estudios posteriores demostraron que eran cuevas artificiales excavadas y empleadas como lugar donde orar y residir de forma apartada del mundo desde la alta Edad Media. Vanesa Jimeno Guerra, doctora en Historia del Arte, presentó en 2016 una tesis sobre estos eremitorios, de forma que conoce bien su número y ubicación: «Las Cuevas Menudas son 17, aunque algunas se han venido abajo ya que Julián Sanz, en el año 1923, catalogó 20. Y fuera ya de lo que es el castro de Villasabariego —continúa—, en Villacontilde hay otro grupo pero que a mi juicio no son eremitorios sino que pertenecen a la arquitectura civil; además, las fuertes lluvias de hace cuatro años las derrumbaron en gran parte. Otro pequeño grupo de siete u ocho, asimismo hechas por ermitaños, están en Valle de Mansilla, y en Rueda del Amirante hay otra, La Casereta, ahora medio derrumbada y en estado lamentable que podía haber sido un enterramiento». Y añade que otras de la comarca han desaparecido por completo, como las de Casasola o la de Cifuentes de Rueda, «esta última destruida por los propios vecinos —de nuevo, el poder de la leyenda— buscando el tesoro de los moros que, según se decía, había sido escondido en ella».

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