Diario de León

ENTREVISTA

Andrea Cabrera: «La comida es un vehículo para la concordia"

La escritora presenta mañana en la Feria ‘Parabare’, novela finalista del Premio Café Gijón

La periodista y escritora Andrea Cabrera Kñalinsky.

La periodista y escritora Andrea Cabrera Kñalinsky.siruela

Verónica Viñas
León

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Andrea Cabrera Kñallinsky no conoce León y está impaciente. Mañana presenta en la Feria del Libro Parabere (Siruela), escrito junto a Aldo García (responsable de las famosas librerías Machado de Madrid). Una obra —finalista del Premio de Novela Café Gijón— cocinada a fuego lento y cuyo principal ingrediente es el descubrimiento de María Mestayer, marquesa de Parabere, que abrió un restaurante con este nombre al inicio de la Guerra Civil. Un libro que, a través de la gastronomía, retrata a la sociedad de una época.

—’Parabere’ no es un libro para leer en ayunas, ¿no?

—El otro día estuve en un club de lectura y uno de los que participaba me dijo que se lo había llevado para un ayuno. ¡Qué ganas de sufrir! Yo creo que, efectivamente, no es un libro para leer en ayunas. La protagonista es una gastrónoma estupenda y dan ganas de probarlo todo.

—No es un libro de cocina, pero hay mucha cocina...

—No es un libro de cocina, pero cada capítulo lo inauguramos con una de sus recetas o de sus recomendaciones. Por ejemplo, hablamos de un personaje, el más oscuro que hay en toda la novela, y ponemos cómo son los cortes de la carne del cerdo. Los recetarios de María Mestayer son un manual para cómo servir la mesa, cuál es la vajilla adecuada, cómo se cortan las carnes... Hizo una labor divulgativa impresionante de recetas que existían y otras propias, pero escritas para que las amas de casa y las mujeres del servicio, que eran las que daban de comer en aquella época, pudieran entenderlas. Ella empezó en la cocina porque su marido iba cada día a la sociedad gastronómica. Empieza a investigar recetas para retenerlo en casa y se da cuenta de que son muy complicadas de elaborar. Lo primero que hace es traducirlas, las que eran en francés, al castellano; pero las que eran en castellano, traducirlas para que las entienda el gran público. En ese sentido, comparo mucho su tarea con la que hacemos los periodistas con tratados para que sean divulgativos.

—El libro lo ha escrito con el librero Aldo García Arias, ¿cómo han repartido el trabajo?

—Escribir a cuatro manos es súper interesante, porque el trabajo de escritura es muy solitario. Tener alguien que te confronte te hace aprender sobre ti. Hemos descubierto que Aldo es más anárquico de lo que pensábamos y que yo más metódica de lo que creíamos. Como teníamos mucho tiempo, porque esto no fue algo que nos pidiera un editorial o que pensáramos siquiera en publicar, fue como un juego. Somos amigos desde hace más de 30 años, además de amigos literarios, porque él es el editor de mi primera novela. Yo empecé por el principio y él por una anécdota de la posguerra y toda la trama de espionaje que hay; entonces, él iba hacia adelante y hacia atrás, porque ya la tenía en la cabeza. Yo me dediqué más a construir el personaje de María Mestayer. Hemos estado tres años trabajando este libro, lo hemos corregido una y mil veces.

—¿Cómo descubrieron a un personaje tan fascinante como María Mestayer, marquesa de Parabere?

—No la conocíamos ninguno. Una amiga habló de ella en una comida. Me pareció que tenía un nombre muy sonoro y empecé a investigar. Me pareció que es una mujer que tiene no una, sino muchas novelas detrás. Le propuse a Aldo si hacíamos juntos esta tarea. Y así empezó, de una manera tan informal como apareció su nombre en nuestras vidas. Cuanto más investigábamos, más cuerpo iba cogiendo, porque no solo es interesante ella como personaje, que nos ha resultado fascinante, sino toda su época.

—¿Ha aprendido a cocinar con el libro?

—No. Aldo y yo siempre decimos que ahí es donde más margen de mejora tenemos. Hemos aprendido mucho, lo que más, a comer.

—¿No ha hecho ninguna de las recetas que se mencionan en el libro?

—No, bueno, algunas. En aquella época sus recetas eran muy divulgativas, pero ahora son complejísimas; primero, por la variedad de ingredientes, y tampoco hay muchos utensilios de aquella época. En mi casa la cocina es más básica, cuatro cosas y no las 45 que le ponía ella.

—¿Qué le parece que la Feria del Libro de León tenga por lema ‘entre libros y fogones’?

—Me parece inspirador. La cocina no solo es algo que alimenta el cuerpo, también nos nutre como personas. La cocina es una expresión de la cultura de un pueblo, alrededor de la mesa; lo sabía muy bien la marquesa de Parabere. La comida es un vehículo ideal para la concordia y ella lo usaba así. Para mí, la literatura también tiene ese afán. A la marquesa le encantaban la literatura, la historia y la cocina. Son artes que van de la mano.

—¿Ha sido más difícil seguir el rastro a la protagonista o escribir el libro?

—Ha ido de la mano; no diría que fue difícil ninguna de las dos cosas.

—¿La asociación con Aldo ha sido puntual?

—Ahora estamos con la promoción de Parabere, ya se verá; pero no tenemos ninguna idea de un proyecto de nuevo. De hecho, yo estoy escribiendo ya una tercera novela.

—La marquesa era una mujer muy empoderada para su época, ¿no?

—Sí, nos sorprendió su figura como gastrónoma, pero también como mujer empoderada, visionaria, carismática y feminista, sin pretenderlo, porque nunca se planteó su género para meterse en una aventura. Cuando va a Madrid a abrir su restaurante tiene 58 años. Imagínate en aquella época, con 58 años, cambiar de ciudad. Su marido no la quiso acompañar, así que se fue con varios hijos a empezar una vida nueva.

—El restaurante tiene una historia rocambolesca.

—Sí, abre el Parabere tres meses antes de que estalle la Guerra Civil. A los pocos meses se lo socializa el sindicato CNT, porque necesitaba un lugar donde alojar a los corresponsales que vinieran a Madrid a cubrir la guerra. Ella empieza a ser la camarada marquesa, porque le piden que siga al frente del restaurante, y ella se adapta. Por el restaurante pasa lo más granado de la política y la intelectualidad española, desde Indalecio Prieto a Chaves Nogales, Alberti o los que vienen de fuera, como Hemingway, Dos Passos, Malraux o Martha Gellhorn. Todos se daban cita allí.

—¿Ha estado en el restaurante?

—Ya no es un restaurante. La primera sede, que fue cerca de la Puerta del Sol, hemos estado en el portal, lo hemos visto desde fuera. Tanto Aldo como yo hemos ido a los distintos escenarios y ahora era un piso muy grande que está compartimentado en apartamentos pequeños. La segunda sede, después de ser este restaurante, fue una galería de arte y ahora es una tienda.

—¿Se han recorrido todos los escenarios del libro?

—Los dos hemos estado en París, pero cada uno por su lado; lo que sí hemos ido es a Bilbao, y Aldo, que vive en Madrid, conoce muy bien todos los escenarios.

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