Diario de León

La gárgola que llegó en un carro de bueyes a Astorga

Hecha en granito de Montearenas y trasladada desde la cantera de San Miguel de las Dueñas, permite descubrir el valor que dio Gaudí a los materiales y la tradición artesanal en el diseño del Palacio de Astorga

La gárgola del Palacio Gaudí de Astorga.

La gárgola del Palacio Gaudí de Astorga.DL

Ismael García
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León

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Llegó montado en carros tirados por bueyes. Desde la cantera de San Miguel de las Dueñas a la estación y de ahí hasta Astorga. Se sabe bien porque todo está perfectamente documentado. Gaudí no dejaba nada al azar. Los datos permiten conocer no solo la elección de los materiales por parte del aruqitecto, también la compleja organización necesaria para hacerlos llegar hasta la obra.

La extracción y el traslado del granito hasta Astorga estuvieron sujetos a un proceso administrativo y de contratación que se encuentra minuciosamente documentado Un granito de calidad, grano grueso y aspecto cristalino, extraído en la cantera berciana, de gran resistencia de aspecto imponente. Y con una larga historia, pues ya había sido utilizada en época romana en las explotaciones mineras de oro del entorno berciano.

El granito berciano procedente de Montearenas dio al Palacio Episcopal de Astroga «una presencia rotunda y una identidad material propia. Su elección establece un contraste con la Catedral de Astorga, construida con arenisca de canteras próximas». Lo explica bien Alfonso Nistal., divulgador artístico estrechamente vinculado a la gestión cultural y la divulgación del patrimonio histórico de Astorga.

«Gaudí prestó una especial atención a los materiales empleados en sus obras, tanto por sus propiedades estructurales como por sus posibilidades ornamentales. Su forma de entender la arquitectura también implicaba reconocer el valor de los conocimientos tradicionales y de la destreza de los artesanos que trabajaban la piedra y otros materiales, en muchos casos mediante técnicas transmitidas de generación en generación», dice Nistal.

«En la obra de Gaudí, la piedra trasciende su apariencia sólida y tosca para convertirse en un material capaz de adquirir formas expresivas y orgánicas. El arquitecto supo trabajarla para dotarla de ductilidad visual y delicadeza, integrando elementos funcionales en el lenguaje ornamental de sus edificios», añade.

Esa importancia sitúa a una gárgola que ha perdido la boca torneada que originalmente la embellecía y que permitía la evacuación del agua como ejemplo singular dentro del edificio, «donde las soluciones constructivas y ornamentales se combinan para responder a las necesidades prácticas de la arquitectura», explica Alfonso Nistal. Una pieza de finales del siglo XIX diseñada por Antonio Gaudí y Cornet que se conserva en el Museo de los Caminos del Palacio de Gaudí y que ha sido elegida como Pieza del Mes de noviembre para profundizar en la importancia que el arquitecto concedió a los materiales y a su integración en el entorno en el que desarrolló sus proyectos.

Las gárgolas —destaca Nistal— tienen su origen en antiguas culturas, como la egipcia, la griega y la romana, vinculadas inicialmente a la conducción y evacuación del agua. Durante el periodo gótico adquirieron, además, una importante dimensión simbólica y decorativa, convirtiéndose en elementos característicos de la arquitectura monumental.

Establece un contraste con la Catedral, construida con arenisca de canteras próximas

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