Dos militares leoneses cuidarán la salud y la alimentación de la nueva misión Antártica
El capitán Jiménez, de León, y el cabo Del Blanco, de Astorga, fueron seleccionados para el contingente del Ejército de Tierra que acompaña a la 40ª campaña científica y militar en la estación Antártica Española Gabriel de Castilla

El cabo Del Blanco junto al barco oceanográfico del CSIC Odón de Buen, en Vigo.
Dos militares leoneses del Ejército de Tierra forman parte del equipo que hará posible la vida de la cuadragésima Campaña Antártica, la misión científica y militar que se desarollará entre el 6 de diciembre y mediados de marzo en la Base Antártica Española Gabriel de Castilla.
El capitán Guillermo Jiménez Álvarez, intensivista en el Hospital Central de la Defensa «Gómez Ulla», es el médico de la expedición, el único sanitario junto a un veterinario del contigente militar que da soporte logístico a los investigadores que, durante casi cuatro meses, recogerán datos y realizarán experimentos en el continente helado.

El capitán médico Guillermo Jiménez Álvarez con el uniforme de navegación.
El cabo Jesús Hugo Rodríguez del Blanco, destinado en el Ralca 63 de Astorga, es uno de los dos cocineros con los que cuenta la misión Antártica. «Conozco la campaña desde que entré en el Ejército, en 2004, y desde 2006 empecé a pedirla». Se ha presentado en al menos 16 ocasiones». Nunca se rindió.
Los leoneses forman parte del contingente de 13 militares, seleccionados entre 250 aspirantes, para esta nueva expedición que parte el 28 de noviembre en avión de Madrid a Santiago de Chile y desde la capital chilena a Punta Arenas para embarcarse en la ciudad más poblada del fin del mundo en el buque oceanográfico Odón de Buen, del CSIC.
Su destino está en la isla Decepción, en las islas Shetland del Sur, nombre que tiene dos historias en su origen y que no hace honor a la ilusión y el tesón que han puesto para enrolarse en esta nueva campaña «Por la paz y por la ciencia, en la frontera de lo desconocido».
Para el capitán médico «es un reto tanto personal como profesional» ejercer la medicina en un sitio como la Antártida, a unos 12.700 kilómetros de su tierra. «Es bonito y difícil llevar la mejor medicina a los confines del mundo, donde el hospital más cercano está a 1.250 kilómetros».
Aunque espera que «no tengamos accidentes y que volvamos sin ninguna patología grave», se ha preparado junto al comité polar para eventualidades como posibles evacuaciones de emergencia que se harían por vía aérea, pues en barco tardarían más de tres días.
Urgencias leves de medicina general o traumatismos por los movimientos de carga y el trabajo manual son las incidencias más esperables en los confines del mundo, donde el virus de la gripe no existe.

El alcalde de Astorga entrega la flecha con la distancia desde la capital maragata al cabo Del Blanco.
Dos cajones grandes forman su «botiquín antártico», y, sobre todo, añade, «cuento con la experiencia de los 39 contingentes anteriores» en el territorio porque allí no habrá. «Espero estar a la altura de los compañeros que nos han dejado una calidad de vida muy alta en la base», asegura el capitán, consciente de que el 40º aniversario es un número redondo y «no va a haber otro igual». Es su cuarta misión internacional como militar después de Irak en 2018 y Líbano (2018-2019 y 2020) y la tercera Navidad que no pasará en casa.
El cabo Del Blanco cumple un hito en su vida que se gestó cuando de pequeño iba a la montaña y veía los capítulos de Misión Imposible con la boca abierta. Ahora es uno de los protagonistas de la misión por la paz y por la ciencia en los confines del mundo. «Trabajar con un biólogo marino y que te cuente lo que está buscando es enriquecedor a más no poder», asegura.
Veintidós años de cocinero en el Ejército y en la empresa privada y toda la formación que ha acumulado en su mochila, desde el manejo de vehículos a patrón de embarcación de recreo y pendiente de las prácticas para ser patrón de yate, le llevan a la Campaña Antártica con la que sueña desde que vio aquel cartel, en 2004, que reclutaba al contingente militar.
«Vamos dos cocineros y nos turnamos un día cada uno. Nuestra misión es que la dieta cubra las necesidades nutricionales necesarias para una buena alimentación», explica. Van con la compra hecha. En la Antártida no han donde comprar nada ni tampoco se puede pedir por Amazon.
Todo está medido antes de partir. Dos contenedores de material de entre 10 y 12 toneladas y otro de entre 6 y siete toneladas con comida son su ‘equipaje’ profesional. En la base cuentan con dos hornos inteligentes para preparar gran parte de los menús de cien días para cuarenta personas.
Además de las comidas especiales para las fiestas navideñas, la iniciativa ‘domingo familiar’ permite a cada miembro de la expedición elegir su plato preferido y participar en su elaboración.

Entrega de la flecha con la distancia entre León y la Antártida entregada por el alcalde de León al Capitán Guillermo Jiménez
Arroces y paellas, la especialidad de su compañero valenciano, las patatas a la importancia que ha elegido el capitán Jiménez, las migas que prepararán junto al comandante de la misión o la fabada, el plato familiar del cabo Del Blanco, son algunos de estos menús de domingo.
En la despensa de diario de la misión no falta el embutido de León, y por supuesto la cecina, los chichos o los garbanzos y las lentejas.
Jesús Hugo Rodríguez del Blanco nació en León, vivió varios años en La Bañeza y desde hace más de 20 es vecino de Astorga. Su sueño en la Antártida será compartido en el colegio las Escolapias de Astorga donde su hijo, , de 14 años, cursa la ESO a través de una videoconferencia.
Dos flechas con la distancia de 12.600 kilómetros desde Astorga y 12.709 desde León a la Antártida dejarán la huella del paso del cabo Del Blanco y el capitán Jiménez en la tierra helada.
Los militares leoneses no son los primeros en formar parte de una expedición antártica. Al menos otros dos les han precedido, como el teniente coronel veterinario Macho, de La Bañeza. Otras expedicionarias destacadas han sido las profesoras de la Universidad de León Hilde Pérez y Zaida Ortega, que participaron en la Homeward Bound de mujeres científicas a la Antártida en 2023.
Una misión militar y científica
El destacamento mantiene la presencia de España en el territorio antártico y realiza proyectos de interés para el Ejército.
Además, acerca la misión a la población escolar a través de un programa de videoconferencias desde la estación Gabriel de Castilla, en el que participarán las Escolapias de Astorga, y promueve actividades de sensibilización como la campaña Apadrina un pingüino que permitirá llegar a adultos a más animales de esta especie singular.
La comandante intendente del equipo de logística es la única mujer del contingente militar y el miembro más joven tiene 38 años.