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Relato desgarrador

Aerle proyectó «Rompiendo el silencio», documental sobre la represión, en un salón de actos del Ayuntamiento abarrotado

Presos políticos en la cárcel de Puerta Castillo

Presos políticos en la cárcel de Puerta Castillo

Publicado por
Miguel Ángel Nepomuceno
León

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María Encina Ceñón, presidenta de Aerle, y el historiador Javier Rodríguez presentaron ayer en el salón de actos del Ayuntamiento el documental sobre la represión

un relato desgarrador sobre los testimonios de algunas de las víctimas de la guerra Civil que sufrieron en sus carnes las consecuencias de la brutal represión que tuvo lugar en León y en numerosas localidades de la provincia narradas por los propios protagonistas, o por sus familiares más directos. Wenceslao Álvarez Oblanca, Juan Rodríguez Lozano (padre de Zapatero), Julio Llamazares o el Premio Cervantes Antonio Gamoneda, fueron algunas de estas personas que rescataron sus propias vivencias narrando lo acontecido en algunas de las zonas de la provincia que, como Fabero, fueron castigadas con un rigor especial. Para el historiador Javier Rodríguez «esta es la mejor manera de luchar contra el olvido pese a que los muchos, añadió, se empeñen en querer hacernos olvidar». Gamoneda insistió en algunos episodios acontecidos en León que volvió a revivir con precisión pese a ser por aquel entonces un niño. «Todo esto es el mejor ejemplo, dijo en sus declaraciones para el documental, para que todas estas atrocidades no se vuelvan a repetir». Oblanca narró con detalle algunos de los episodios acecidos en el campo de concentración que fue San Marcos y Julio Llamazares revivió la memoria de Gorete, un «topo» por el que dijo «haber sentio desde niño gran admiración ya que pasó once años de su vida escondido en una cueva». Muchos de los testimonios se recogieron para el documental en boca de los hijos de los fusilados, paseados o desparecidos, como fue el caso de Juan Rodríguez Lozano, quien leyó el testamento que su padre había escrito en San Marcos antes de ser fusilado. Un documental narrado con sensibilidad, ritmo y sobre todo veracidad que pone al descubiero una vez más la necesidad de la ley de Memorial Histórica, «para que no sólo los vencedores», como señaló el profesor Rodríguez, «tengan su historia, y para que se acaben de una vez por todas los miedos a la verdad».

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