mundial de sudáfrica 2010
La liberación de España
El tiempo juega a favor del equipo de Vicente del Bosque, que ha olvidado sus angustias tras su pase a octavos

El relajado rostro del técnico Vicente del Bosque en el entrenamiento de ayer
Consumado el pase a octavos, todavía con la tensión del partido ante Chile, tan lleno de enigmas que hubo que ir descifrando, Vicente del Bosque vino a reconocer que España no había podido ser ella misma durante toda la primera fase. El motivo fue la derrota ante Suiza, «ese partido nos perturbó», admitió el seleccionador
Efectivamente, así fue. La Roja ha sido, realmente, un equipo perturbado desde su tropiezo en Durban, que dibujó un escenario absolutamente inesperado. El peor posible. Nada convenía menos a una selección que llegó al Mundial pidiendo a gritos un pequeño margen de tiempo y de tranquilidad para que algunas de sus figuras entraran en forma que no tener un segundo de sosiego y cargarse de ansiedad desde el primer día. Pero así es el fútbol.
Obligada a nadar a contracorriente, exigida como nunca -y no sólo ya por el entorno, como otras veces, sino por ella misma-, la selección lo ha pasado mal. Xavi Hernández fue muy claro en la zona mixta del Loftus Versfeld de Pretoria. «Ahora nos llega la presión que deseábamos, que no es la presión del sufrimiento que hemos tenido después del primer partido», comentó. Hasta en la propia cara de los jugadores, cuando la televisión les ha enfocado durante la larga espera previa a su salida al campo, se ha venido notando el peso de la responsabilidad, el aguijón de la inquietud, incluso un cierto agobio del que no se libraban ni los más veteranos.
A Iker Casillas, por ejemplo, pocas veces se le ha visto tan tenso antes de un partido como el pasado viernes en Pretoria. En ningún momento ha existido, pues, la calma necesaria para hacer bien las cosas. Y mucho menos la inercia alegre del que siente que el viento sopla a su favor. Todo lo contrario. La soga ha estado en el cuello desde el debut. Librarse de ella con la victoria ante Chile sólo puede interpretarse como una liberación. España vuelve a respirar y afronta los octavos con la moral del resistente, algo que puede ser determinante para lo que resta de Mundial. El tiempo juega a favor del equipo español, que a diferencia de otras selecciones sólo tiene margen de mejora. Hasta ahora no ha podido rendir a su nivel. No ha llegado a reconocerse de verdad en ninguno de los tres partidos que ha disputado en Sudáfrica. En el primero cayó bajo el peso de la ley de Murphy. En el segundo, le faltó puntería para obtener una goleada reparadora. Y en el tercero tuvo que sudar tinta para resolver un jeroglífico endemoniado.
La cuestión, por supuesto, es que España empiece a reconocerse a partir de ahora. El martes ante Portugal en Ciudad del Cabo, sin ir más lejos. Hay razones para pensar que España ha salido reforzada de su paseo por el alambre. Sólo los grandes vencen sin rendir a pleno rendimiento. Hay motivos para el optimismo.