Diario de León

España la grande (0-1)

La Roja gana su primer Mundial. El fútbol fue justo esta vez y corona campeona a España

Un momento que pasará a la historia: Iniesta en casi su único remate a puerta consigue el gol que da

Un momento que pasará a la historia: Iniesta en casi su único remate a puerta consigue el gol que da

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j. agiriano | johannesburgo
León

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El fútbol fue justo esta vez y cor onó a España campeona del mundo. Un gol de Andrés Iniesta en la segunda parte de la prórroga, a cuatro minutos del final, cuando en el Soccer City de Johannesburgo ya brillaba el filo de la guadaña de los penaltis, premió a la selección española, que hizo historia con mayúsculas.

Sólo Alemania y Francia habían logrado la proeza de conquistar la Eurocopa y el Mundial de forma consecutiva. El hito, renovado al cabo de tantos años, habla por sí solo de la grandeza de una sensacional generación de futbolistas españoles, a la altura de las más grandes de todas las épocas. España se mereció el título. Nadie puede ponerlo en duda. Y muchos menos los holandeses, que jugaron sus bazas, sí, pero ensuciando este juego. No podía ser campeona del mundo esta Holanda sin haberlo sido la de Johan Cruyff. Por pura justicia poética. España entró en la final con convicción, sin mirar atrás, tocando y buscando las incorporacio nes de Sergio Ramos por la banda derecha. Durante los doce primeros minutos, el equipo de Vicente del Bosque ofreció su mejor versión. Desorientada, Holanda pareció muy poca cosa y el 1-0 se vio muy cerca. Lo tuvo el lateral derecho del Real Madrid en dos ocasiones y Villa en una volea que se le fue al lateral de la red. Los «oranje», sin embargo, tienen oficio y decidieron que aquello no podía seguir así. Necesitaban romper el ritmo de España, que era como decir el ritmo del partido.

Necesitaban que no se jugara al fútbol en el Soccer City y se aplicaron a conciencia. Comenzó entonces un festival de patadas que contó con la inexplicable permisividad de Howard Webb. El árbitro inglés ya había perdonado a Van Persie una amarilla de libro nada más comenzar el partido, de modo que le sacó en el minuto 14 hubiera sido la roja. No estaba Webb para líos y su irresponsabilidad acabó condicionado la final. España no conseguía regresar al partido. Le fallaban las principales conexiones. Xavi no acababa de darle al carrete. Iniesta sufría con Van der Wiel, Pedro alternaba luces y sombras, y Villa no encontraba apoyos en su pelea con Heitinga y Mathijsen. Holanda paraba el juego una y otra vez mientras el árbitro hacía el don Tancredo. Que Van Bommel y De Jong, éste último con una patada escalofriante al pecho de Xabi Alonso que, además, abortó una buena ocasión de gol, no se fueran a la ducha fue un bochorno para el fútbol. O mejor dicho: para los prebostes de la FIFA que designaron al trencilla inglés para la final. El partido se ensombreció para «La Roja», incómoda en esa refriega tan áspera. Todo lo contrario que Holanda, a la que le estaban dejando jugar el partido que quería, tenso, sin ritmo, agrio. Y antideportivo. Ni en las devoluciones de balón tuvieron un mínimo de grandeza los pupilos de Bert Van Marwijk, que por momentos parecieron una versión de la Italia más ceñuda. Nada que ver, desde luego, con el estilo clásico de un país que ama el fútbol como pocos. Ahora bien, ese juego de sicarios le sirvió para asomar la cabeza y que España terminara sufriendo un par de llegadas peligro sas a la portería de Casillas. La peor, ya en el descuento, un disparo de Robben que el capitán español desvió bien a córner.

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