la otra cara de... JORGE GARCÍA
«Quiero perderme en las Islas Mauricio»
No piensa en la retirada porque «siempre» estará vinculado al golf. Cuando se asoma al futuro se ve como entrenador Es el primer leonés que ha llegado a jugador profesional de golf. No es fácil. Pasa 25 semanas al
Jorge García, ayer en la cafetería-restaurante que regenta su hermano en el centro de León.
Jorge García (León, 25-4-1986) exhibe su trabajo como una gran pasión pese a las renuncias impuestas por un deporte que le aleja cada año de los suyos y lo expone a una procesión de países para disputar una temporada plagada de torneos. Quiere crecer como jugador profesional de golf y llegar a los puestos de privilegio en un periodo corto de tiempo. «El primer objetivo que tengo es alcanzar el Challenge tour y después entrar en el Circuito Europeo, que es como la primera división en fútbol», explica.
El camino no es fácil, nunca lo fue para él, que desde los quince años se dedica por completo a lo que más le gusta, el golf. «He renunciado a muchas cosas y también he perdido amigos. A los dieciséis años me tuve que ir a otro colegio porque no me cambiaban los exámenes cuando coincidían con la competición», revela.
Con sólo cuatro años cogió su primer palo, «uno de plástico, sin más, para pasar el rato», y así cumplió siete primaveras. Luego tuvo que dejarlo. «Estuve mucho tiempo sin poder jugar, hasta los catorce o quince, por problemas familiares», aclara. Sus abuelos se pusieron enfermos y no tenía con quien subir al campo de San Miguel del Camino. Quizá esa espera fraguó en él una desazón que convirtió lo que sólo era una afición en un estilo de vida. «Ahora me paso fuera de casa 20 ó 25 semanas al año y eso te forja un carácter especial, distinto a los demás», reconoce Jorge García, quien asegura que el golf le ha dado «una manera de entender la vida totalmente diferente».
Asume que la alta competición es «muy dura» pero no claudica. «Te acostumbras a estar lejos de los amigos y la familia porque es lo que has elegido y no me importa. Al final de cada temporada estoy cansado, aunque lo llevo bien», advierte.
Entrena casi todos los días, excepto los domingos. En invierno dedica al golf unas seis horas y en verano, ocho. También va al gimnasio, sale a correr a menudo y un par de días a la semana hace Pilates en la clínica BIO, donde también recibe tratamientos osteopáticos. «Trabajo la flexibilidad y el equilibrio; es muy bueno para mi deporte», matiza. Además estudia Administración y Dirección de Empresas en la Universidad de León aunque la tiene un poco abandonada. «Ahora es imposible porque quiero centrarme de lleno en la competición y los exámenes son en plena temporada», apunta el único jugador profesional de golf de la provincia. Una gesta importante que nació sobre la primera piedra del León Club de Golf, el campo de San Miguel, donde entrena desde siempre. Sin ninguna tradición familiar en este mundo, cuenta que sus padres «se hicieron socios del campo en el año 89, cuando empezó a hacerse». Ahí comenzó todo. «El golf siempre me gustó, no me imagino en otra cosa salvo que las causas de la vida me lleven por otro camino», afirma rotundo. No piensa en la retirada. Si le van bien las cosas sabe que su carrera será extensa. Después «me dedicaré a dar clases porque soy técnico deportivo», revela.
Mientras tanto continuará con su particular peregrinaje en busca de un objetivo que requiere de un esfuerzo inusitado. En marzo inicia la temporada, que no termina hasta noviembre. Miles y miles de kilómetros aún por recorrer. De país en país. «Antes viajaba en avión, iba a hoteles, pero ahora me he comprado una autocaravana y lo llevo bastante mejor», subraya. Tiene cuatro plazas. Suele acompañarlo su padre, aunque cuando no puede lo sustituye algún amigo. «La verdad es que estoy como en casa. Me llevo la comida, duermo con mi nórdico y mi almohada», justifica. Es una inversión. «Antes gastaba al menos cinco mil euros y ahora sólo dos mil, con la letra incluida», explica García. Vive del golf «gracias a los esponsor» y al dinero que gana en los torneos. Tiene el patrocinio de la Junta, el Ayuntamiento, la Diputación, Caja España, Inversis Banco y Legumbres la Asturiana. Cada temporada cuesta «treinta o cuarenta mil euros». Al principio fue su familia la que le apoyó sin fisuras y financió su sueño. «Si no hubiera sido por ellos no estaría aquí», admite.
Todo su discurso lo moldea con el cincel de su trayectoria deportiva. Cuando habla de golf pone toda la pasión. Es más disperso al referirse a la música o el cine. «Escucho desde Black Eyed Peas hasta Malú». Le encantan las películas de acción y elige «Soy Leyenda como una de sus favoritas». La lectura no le interesa demasiado.
Viaja mucho pero por trabajo. Ha recorrido toda Europa y parte de Marruecos. Por ocio, «muy poco». Pudo escaparse en el 2010 un único fin de semana, a Sangenjo. Fue con la caravana. No tuvo tiempo para más. Quiere descubrir otros lugares. «Me encantaría perderme en las Islas Mauricio durante quince días, ir a relajarme, olvidar el móvil», anhela. Pero vuelve a la realidad: «Lo primero es el golf».