España se queda sin ‘Ensaladera’
Stepanek frustra el sueño de la sexta Davis. Tras la contundente victoria de Ferrer ante Berdych, el número dos checo se impone a un Almagro muy agarrotado en el duelo decisivo.

La decepción y la tristeza son patentes en los rostros de Ferrer, junto a Corretja, y de Almagro
David Ferrer y Nicolás Almagro se levantaron con un objetivo en la mente: agigantar la leyenda del tenis español. El alicantino cumple con creces. Arrolla a Tomas Berdych y mete el miedo en el cuerpo a los checos.Ferrer había nivelado así la contienda (2-2) al imponerse a Tomas Berdych por 6-2, 6-3 y 7-5 en dos horas y 25 minutos, en un gran partido del español, que luciendo un murciélago, el símbolo de su club, el Valencia, en la parte superior izquierda de su pantalón, dio una magnífica demostración de fuerza mental para vencer a Berdych, infligiendo al checo la derrota más humillante en casa de toda su carrera.
Es el turno de Almagro y de Radek Stepanek, pero rápidamente se ve que el murciano no está cómodo. Es el terror al fracaso. La ansiedad de estar ante el partido de tu vida. Todo eso fluye por la cabeza de Almagro. Todo ello bloquea su cuerpo y agarrota su mano. La situación puede con el número dos del equipo español, que se encuentra dentro de la trampa y no sabe cómo salir. Pasan los puntos, pasan las horas y la batalla mental la gana el centroeuropeo. El de Murcia sufre, piensa y reflexiona en el banco con la ayuda de Álex Corretja. Pero no hay manera. No es el día. La presión le puede y Stepanek, con el permiso de Ferrer, se convierte en el héroe de la final número 100 de la Copa Davis.
Esto es tenis, y el número dos checo dio una exhibición de juego en la red y de saber sobreponerse a las situaciones más complicadas. Esto es Copa Davis, una competición especial y única, donde la clasificación no importa, donde el carácter y la personalidad de los tenistas se impone.
Así gana ‘Ferru’ a Berdych y así cierra la eliminatoria Stepanek ante Almagro (6-4, 7-6, 3-6 y 6-3) y da a la República Checa su segunda ‘Ensaladera’. O lo que es lo mismo, priva al equipo español de su sexto título de Copa Davis, el cuarto en cinco años.
La esperanza en el equipo español al comienzo del partido de Almagro fue poco a poco evaporándose. El choque comienza feo. El primer set del segundo partido de la jornada no es que fuese malo. Simplemente fue una manga prototípica en un quinto partido de una final de Copa Davis. La tensión y los nervios se imponían al ritmo y a la solidez desde el fondo. ‘Nico’ no estaba cómodo. El partido se movía por la irregularidad y la arritmia que benefician al checo. Los saques apenas encontraban oposición en los restos. Los errores no forzados brillaban por encima de los tiros ganadores. Y en ese contexto, el número dos local sacó tajada. Rompió el servicio del murciano en el momento clave y cerró la manga.
Muy atrás en la pista Almagro jugaba demasiado retrasado en la pista. No tenía confianza ni sensaciones. Estaba agarrotado. Seguía sin jugar bien. Y después de una rotura suya, la realidad se impuso. Stepanek devolvió rápidamente el ‘break’ y volvió a marcar el ritmo del partido. Al final del segundo acto, las bolas de set fueron cayendo una tras otra a favor del checo.
El murciano las salvó y forzó la muerte súbita. Pero ahí se desplomó. Un 7-0 en ese ‘tie-break’ le dejó muy tocado. Estaba hundido moralmente. Los recursos de Almagro no existían. Su juego hacía aguas por todas partes. Su tenis era sota, caballo y rey, lo que permitía que Stepanek se plantase perfectamente dentro de la pista y mandase. El checo pudo rematar al encuentro al comienzo de la tercera manga. Pero Almagro se agarró a la pista. Se soltó ligeramente. Obtuvo el ‘break’ y se lanzó a por el set. Con dos parciales a uno en contra, parecía que ‘Nico’ empezaría a imponer su juego, pero Stepanek obtuvo una temprana rotura que le allanó el acto. El número 11 del mundo lo peleó hasta el final, pero enfrente tenía un tenista excelso, de los que están en peligro de extinción, que completó el torneo de su vida.
Fue una lástima porque el triunfo de Ferrer alimentó un sueño que acabó frustado.