luto en el deporte leonés. adiós a uno de los exponentes del balonmano
El Ademar llora por Carlos Álvarez
La muerte del ex jugador marista tras un accidente de moto causa una tremenda conmoción en el seno del club. El central en la década de los 80 y 90 fue una de las figuras del equipo que logró el ascenso a Asobal.

Carlos Álvarez, junto a Juan Arias, en un partido con el Ademar en la década de los 90.
La familia ademarista está de luto. La muerte de Carlos Álvarez deja al Ademar sumido en una profunda tristeza. El trágico accidente de tráfico que sufrió el ex jugador leonés el viernes, cuando circulaba con su moto por la avenida de Asturias, le ha costado la vida con solo 45 años.
Chocó contra un vehículo poco después de las seis de la tarde y falleció a las cinco de la mañana a causa de las graves lesiones que le produjo el impacto. Venía de entrenar al equipo alevín de los Maristas. Vivía el balonmano de una manera especial y era uno de los exponentes de los valores que impregnan la esencia del Ademar. El deporte y, sobre todo el club leonés, cincelaron su carácter desde bien pequeño.
Tanto es así, que intentó tomar las riendas de la entidad marista cuando Juan Arias abandonó la presidencia. Presentó su candidatura en las últimas elecciones, pero le superó Carlos Pollán, con quien coincidió en la cancha e, incluso, ganó un campeonato escolar bajo la tutela del Hermano Tomás, una de las personas más importantes en la trayectoria deportiva y personal de Carlos Álvarez. Fue por aquel entonces, en el patio de los Maristas, cuando empezó a despuntar y llamó la atención de Juan de Dios Román, que lo llevó a una selección junior plagada de figuras.
Dejó el colegio para jugar en el Ademar, aunque fichó, casi de inmediato, por un Lagisa Naranco de aspiraciones humildes. Pero fue ahí, en el club asturiano, donde conoció a Manuel Cadenas, un técnico que en esas dos temporadas descubrió a un central portentoso, de corte ofensivo. El entrenador de Valdevimbre le abriría, después, las puertas del Teka.
Aguantó en el equipo cántabro poco más de medio año, tiempo suficiente para acariciar una Liga —la perdieron en la última jornada— y ganar una Recopa en la temporada 89-90.
Poco después vivió su campaña más dulce. Fue uno de los referentes del Ademar que logró el ascenso a la División de Honor en la campaña 93/94 tras disputar el playoff en Eibar y Granada. Compartió vestuario con Isidoro, Publio, Horacio, Montalvo, López... Y jugó el primer año en la Asobal. Luego dejaría el balonmano profesional para entregar su tiempo a los equipos de base de los Maristas, donde dejó un legado reconocido por todos los actores del balonmano leonés, que hoy lloran una pérdida irreparable.