BALONMANO
Victoria con susto
El Ademar exhibe ante el Puente Genil su doble cara. Brilla en la primera parte y sestea en la segunda

Sergio Mellado, uno de los mejores en el Ademar, lanza a la portería defendida por Daniel Arguillas.
Al Reale Ademar casi le cuesta algún punto el exceso de confianza ante el Puente Genil (39-34). Era un partido trampa, en mitad de dos compromisos europeos. Tocaba cambiar el chip, olvidarse del compromiso de este sábado. De poco sirve ganar al Csurgói si ceden en la pelea por la quinta plaza. El rival de ayer parecía propicio, uno de los equipos de la parte baja, que recibió un repaso importante en los primeros treinta minutos (21-14). Insuficiente para sestear en los siguientes. Y eso que lo tuvieron contra las cuerdas durante buena parte del encuentro, pero bajaron el ritmo cuando todo parecía ganado. Permitieron al equipo andaluz enjugar la renta de siete goles con la que llegaron al descanso. Pudieron, incluso, ponerse a uno (35-33), con cinco minutos escasos por delante, aunque una jugada polémica frenó en seco el intento de remontada.
Los árbitros devolvieron el balón al Ademar aunque parecía que había sido un jugador leonés el último en tocar la pelota antes de que ésta saliera por un costado. Francisco Morales protestó con vehemencia y los colegiados le excluyeron.
Carrillo, en la jugada siguiente, acabó con la sequía marista—estuvieron durante siete minutos sin ver puerta—para aumentar la ventaja a tres goles (36-33). Luego transformó un siete metros, tras recuperar un balón perdido por Tatarintsev. Carou y Vejin, con el compromiso visto para sentencia, pusieron el definitivo 39-34 que, a pesar de los dos puntos, no contentó ni al equipo ni al cuerpo técnico.
Dejó un «sabor agridulce» —como definió Dani Gordo— porque habían pasado demasiados apuros. Tenían enfrente a un rival moribundo y, en vez de darle la puntilla, le hicieron el boca a boca. Mostraron, otra vez, una doble cara.
La del primer acto sí fue reconocible. El equipo leonés salió muy enchufado a la pista, consciente de lo que se jugaba. No parecía que les pesaran las piernas por el esfuerzo realizado el domingo en Alemania. Ni que tuvieran en la cabeza el duelo del sábado en Hungría. El 1-2 con el que arrancó el choque fue sólo un espejismo.
Funcionaba la primera línea. El Ademar hizo tres goles desde nueve metros en los primeros seis minutos. Rogelio Llamazares puso el cerrojo a su portería y Carrillo a la contra conseguía el 5-2. Antonio Ortiz pidió tiempo muerto para intentar arreglar los desajustes defensivos de su equipo pero no hubo reacción. Castro, que sumaba su tercera diana en 9 minutos, insistía con el lanzamiento exterior para mantenerse a tres de distancia, a pesar de que estaban en inferioridad por la exclusión de Richi.
Todos los jugadores eran solidarios en los esfuerzos y la mayoría de los rebotes caían en las manos del Ademar. Mellado ponía en el marcador el 15-10 tras culminar un contraataque de libro lanzado por Llamazares, muy efectivo bajo palos. Demovic redujo distancias tras pillar a los leoneses con la defensa sin colocar, pero el canterano, otra vez, quiso destapar el tarro de las esencias. Su vaselina posterior levantó al público, que, por aquel momento, se divertía con lo que veía sobre el parqué. Enfilaron el túnel de vestuarios casi celebrando la victoria. Lo que pasó después debería servirles de lección. Cualquier equipo puede pintarte la cara si bajas el ritmo. Frente al Csurgói no valen medias tintas.