MOTOCICLISMO
Márquez, de cacería en Le Mans
Aplastante remontada del líder de Moto GP: escala diez posiciones en doce giros humillando a sus rivales. Gana su quinta carrera consecutiva y se convierte en el piloto más joven en hacerlo en la categoría reina.
Marc Márquez sólo tiene un rival en MotoGP: el aburrimiento. Su exhibición en Le Mans dejó un epílogo para el recuerdo. «Cuando deje de divertirme, dejaré de ir rápido» expresó tras ganar la quinta carrera en cinco Grandes Premios disputados. Y es que lo ocurrido en Francia fue la plasmación en asfalto de una realidad que atemoriza a todos menos al caníbal de Cervera. Da igual que salga bien o mal, que le pongan la moto al revés en la parrilla o que, como en su última carrera en Moto2, salga desde el último lugar. Pase lo que pase y ocurra lo que ocurra, Marc Márquez es el gran favorito para ganar cualquiera de las carreras del campeonato.
No es que las vaya a ganar todas, algo que pasa de ser quimérico a real a pasos agigantados, es que si no ocurre nada extraño no hay un ser humano capaz de hacerle frente, y menos si sus monturas son inferiores. En el circuito galo al menos tuvimos la suerte de verle exigido.
Marc salió mal, una asignatura que ya parecía haber superado, y se enceló cuando se vio a rueda de Jorge Lorenzo. El mallorquín se coló en una curva, y Márquez iba tan pegado preparando el hachazo que tuvo que irse más recto para evitar una caída. El incidente le mandó a la décima posición, mientras que la cabeza era una maraña de colores y equipos variopintos.
Por allí aparecieron Dovizioso, Bradl y hasta Pol Espargaró, que terminó en un merecidísimo cuarto puesto. Además, por delante del ‘93’ estaban Dani Pedrosa y las dos Yamaha, con Lorenzo tratando de recuperar posiciones y Rossi de encaramarse al liderato y abrir hueco. Parecía una misión imposible. Demasiados adversarios, demasiadas motos y muchos intereses generales en juego como para exponerse de semejante manera.
El principal problema que tiene el campeonato es que Márquez no necesita dar el 100% para lograr gestas homéricas. Convierte lo difícil en un divertimento y sus rivales le tienen ya tanto respeto que prefieren seguir a lo suyo, comprender que esa no es su guerra y tratar de conseguir el mejor resultado posible, la segunda plaza. La otra HRC, de un maltrecho Pedrosa, fue un juguete, Jorge Lorenzo cosa de niños, y los pilotos en equipos menos punteros simplemente esperaron el momento de su ejecución. El espectáculo era dantesco y brillante a partes iguales, una cacería de animales amaestrados que preferían meter la cabeza bajo tierra como avestruces antes que tratar siquiera de ofrecer algo que no tienen.
Llegaba el momento de la verdad, Márquez ya era segundo con una facilidad insultante y sólo tenía por delante a un nueve veces campeón del mundo. Nada hacía presagiar lo que ocurriría luego. Rossi escuchó el bufido del animal que tenía en el colín y se apartó. De forma literal, cometió un error en el momento justo, abrió su trazada y Márquez se puso en cabeza como si estuviera sentado en el sofá de su casa jugando a la videoconsola. Tampoco tuvo opción Valentino de engancharse y tirar de galones. Ni él ni su compañero tienen armas para demostrar que existe un componente mecánico que refrenda la aplastante superioridad de un piloto que se ha subido al cajón en el 92% de las carreras en la categoría reina. Tras él, Rossi fue segundo y Bautista tercero.