La calidad del campeón se impone
Cristiano se reencuentra con el gol e iguala a Messi y Raúl como máximos artilleros de la Champions con 76 dianas.

El delantero portugués del Real Madrid, Cristiano Ronaldo, celebra el tanto que abrió la victoria blanca ante los germanos.
Pese a tener que jugar de rosa, con una indumentaria indeseada por los jugadores desde que con ella cayeron a finales de agosto en Anoeta (4-2), el equipo de Carlo Ancelotti salió convencido de que no podía fallar ante el Schalke, muy limitado técnicamente. Para no sufrir y no verse sorprendido, el Real Madrid sólo debió ser muy profesional, un grupo concentrado, intenso y motivado, las tres virtudes que le exigió públicamente el técnico italiano. No fue una obra brillante, ni siquiera notable, pero el vigente campeón se impuso por calidad, dominio y experiencia.
Hubiera ganado por más en caso de necesitarlo, pero el resultado es más que suficiente para la vuelta porque estos alemanes son de lo más rudimentarios. Muy planos, mecánicos y encima mermados por las bajas de Draxler y el peruano Farfán, entre otras. Cristiano Ronaldo no hizo el partido de su vida pero se reencontró con el gol, el séptimo en esta Champions, y abrió el camino. No era una diana más, ya que le igualaba a Raúl y Messi como máximos artilleros de la gran competición continental con 76. Y Marcelo certificó el triunfo con un derechazo enorme poco después de que Platte avisara y despertara a los visitantes con un disparo que astilló el travesaño.
En una decisión que provocará controversia, Carletto se decantó por Lucas Silva y dejó de lado a Illarramendi, que cayó en desgracia desde su mal partido el curso pasado precisamente en tierras alemanas. El brasileño jugó a la derecha de Kroos, que sigue de hombre ancla, mucho más retrasado que en el Bayern. El ex del Cruzeiro tuvo la virtud de no complicarse la vida.
Como se esperaba, el campeón se encontró a un Schalke mucho más junto y cerrado que el año pasado. Con Jens Keller trataba de atacar y dejaba espacios. Con Di Matteo, que escatima métodos vistosos y sólo busca resultados a cualquier precio, es un bloque que se mete atrás y espera sorprender en acciones aisladas.
El Real Madrid se lo tomó con suma paciencia. Comenzó con balones largos, quizá para evitar alguna pérdida peligrosa que espoleara a los ‘mineros’. Sólo cuando Kroos e Isco entraban en escena, se veía algo diferente.
Más allá de un tiro lejano de Lucas Silva, que salió desviado y enfadó a Cristiano, y de un buen desvió de Iker Casillas a tiro de Huntelaar, que le botó delante al portero, no había ocasiones en el típico duelo contenido de ida. Pero bastó una genialidad de Carvajal para desequilibrar la contienda. Cambió el perfil, centró con la zurda y ese simple movimiento despistó a dos centrales y al portero, que se quedó a media salida y facilitó el cabezazo de Cristiano a portería vacía. Después de tres partidos de sequía, el portugués volvía a exhibir su pegada.
La segunda parte fue todavía más aburrida que la primera. Los germanos jugaban a la lotería con algún tiro lejano, como ese de Platte que rechazó el travesaño, y los españoles daban la sensación de conformarse. Por sus gestos, también lo vio así Ancelotti, que les pidió un poco más. Introdujo a Chicharito en lugar del griposo Benzema y a continuación Marcelo firmó un golazo con la derecha. Y se fue a abrazarse con su técnico.
Misión cumplida.