Diario de León

Valverde reina entre la anarquía

Un formidable disparo del uruguayo en el minuto 92 rescató al Real Madrid en Atenas, donde el conjunto de Mourinho sobrevivió a sí mismo

Los jugadores del Real Madrid celebran el agónico triunfo logrado sobre el césped ateniense.

Los jugadores del Real Madrid celebran el agónico triunfo logrado sobre el césped ateniense.GEORGIA PANAGOPOULOU

Publicado por
Javier Jiménez
Atenas

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Un formidable disparo de Fede Valverde en el minuto 92 rescató al Real Madrid en Atenas, donde el conjunto de Mourinho sobrevivió a sí mismo y a la resistencia del AEK para conquistar una victoria agónica (2-3) en un partido desordenado, de alternativas constantes, que terminó por resolver el talento individual del uruguayo.

La propuesta inicial del técnico portugués fue barrida por la intensidad del AEK, que compareció con una marcha más que los blancos. Durante los primeros 25 minutos, hasta que le alcanzó el desgaste, se replegó con orden, presionó con fiereza cuando tuvo ocasión y generó suficientes oportunidades para hacer un roto al Real Madrid.

Pero Courtois frenó el ímpetu griego. Jovic, muy lúcido pivotando, se convirtió en el eje sobre el que giró el ataque de su equipo. La primera ocasión nació de sus botas, con un pase a Majer que el croata prolongó hacia Gacinovic. El disparo de este encontró la respuesta del guardameta belga, que también apareció para frustrar otro intento del delantero serbio, protagonista además de un cabezazo defectuoso cuando se encontraba solo ante la portería.

Fue Koita, cerca del cuarto de hora, quien encontró la recompensa. Jovic volvió a intervenir para servir a su compañero, que, rodeado por Cucurella, Rüdiger y Camavinga, descubrió un resquicio donde parecía imposible encontrarlo. Le bastó un centímetro para soltar un zurdazo inapelable desde fuera del área. El gol hizo justicia a la diferencia de revoluciones entre ambos equipos.

El Real Madrid, superado, tardó en encontrar respuestas. Sin Güler, andaba perdido y solo empezó a respirar cuando el AEK perdió parte de su energía. Hasta entonces, Mbappé permanecía desaparecido, Vinícius se estrellaba una y otra vez contra Rota, Diomande no encontraba por la derecha la autoridad que exhibe por la izquierda y la sala de máquinas compartida por Camavinga y Bernardo funcionaba sin claridad ni imaginación.

El desgaste del AEK equilibró las velocidades y el último tramo del acto inicial cambió el paisaje. Bellingham avisó con un gol anulado por fuera de juego y, pasada la media hora, firmó una obra de bella factura, nacida en el extremo opuesto del campo. La pelota llegó a Rüdiger, que abrió hacia Dumfries. El lateral cambió el juego de lado a lado, hasta Cucurella, cuyo centro encontró una espuela prodigiosa de Bellingham. Al descanso, todo volvía a empezar.

El partido terminó por desprenderse de cualquier atadura. Mourinho, consciente de los espacios que comenzaban a aparecer, recurrió a Valverde y Endrick para los últimos veinte minutos. El encuentro se convirtió en territorio de corredores, aparentemente el escenario ideal para el Real Madrid. Sin embargo, fue el AEK quien primero sacó provecho del desorden. Koita condujo un contragolpe que culminó Pilios, pero apenas hubo tiempo para celebrar el gol. Mbappé apareció de inmediato para empujar a la red un centro de Dumfries y devolver el partido a su punto de partida con quince minutos por delante.

Espí y Brahim entraron para los últimos minutos. Toda la artillería blanca estaba sobre el césped y Mbappé, con un disparo que estrelló en el larguero, avisó de lo que estaba por llegar: Valverde, que reparecía tras su lesión, agarró la pelota fuera del área y liquidó la incertidumbre con un zapatazo de los suyos.

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