BALONCESTO
Murcia de rojo, León de sonrojo
El León Caja España sufrió un severo correctivo en su visita a Murcia en un partido en el que el equipo levantino barrió de la cancha a los de Quino Salvo. El León ve truncada así su buena racha y mostró su peor cara en un partido que

El mal tono de la escuadra leonesa derivó en un marcador especialmente abultado para los de casa
León intentaba no perder la estela de su rival en los primeros compases en los que el empuje y la velocidad de los locales era más fuerte. Pero el Etosa pronto doblaría al León en el luminoso (16-7) y el partido empezaba a ponerse cuesta arriba ya en los primeros compases. Tan sólo un pertinaz Llorente era capaz de mantener a su equipo en el partido (18-11) con una dirección de juego y una capacidad anotadora que constituían la nota más positiva del León en todo el primer cuarto. Pero el conjunto de Quino Salvo sufría bajo los aros, donde era incapaz de cerrar el rebote de una manera efectiva. Para colmo el tiro exterior del Etosa empezó a funcionar al tiempo que las acciones ofensivas del León se diluían en la falta de contundencia en el poste bajo de sus hombres altos (26-11). El León encajó 28 puntos en el primer cuarto. Parecía claro que la victoria pasaba por mejorar la defensa porque en el baloncesto moderno es muy difícil ganar partidos en los que el rival te hace más de 100 puntos. Pero el segundo período no comenzaba mejor para los de Quino Salvo. Una falta en ataque de Brown y una canasta con tiro adicional a favor de los murcianos dispararon la luz de alarma que ya llevaba un rato encendida: el Etosa Murcia había superado los 20 puntos de ventaja en menos de 2 minutos de juego efectivo del segundo cuarto (36-14). El León León era un desastre en el que no salía nada, salvo un excepcional alley-hoop protagonizado por la devaluada sociedad Llorente - Brown que arrancó los aplausos del entendido público murciano. Pero el baño continuaba a medida que el León se descomponía cada vez más. Lo que empezó siendo un error táctico (no cerrar el rebote) pasó a ser numérico (errores en el tiro) y de tipo individual (no se ganaban acciones en el poste bajo) para degenerar en el esperpento (errores infantiles en la entrega e intentos de tiro estrambóticos). El resultado comenzaba a ser de escándalo (40-17) y tenía difícil explicación. Sony Vázquez trataba de apelar a la casta, González a las entradas cuerpo a cuerpo, Llorente a la calidad... pero todo salía mal (50-27). Tchiloemba deambulaba de un sitio a otro de la botella sin saber muy bien qué hacía un chico como él en un lugar como este. Y Brown fue al banquillo con un desolador «2» en su casillero anotador. El bloque leonés comenzó mejor en la segunda mitad. Quedaban en el quinteto un valiente Ferrer, que intentó echarse el equipo a la espalda, un desafortunado Julio Gozález, Brown luchando bajo los aros intentando parecerse a él mismo, Llorente en la dirección y Tchiloemba. Pero los débiles cimientos de la mejoría leonesa se fueron al traste cuando volvió a funcionar el equipo local. Mediado el tercer cuarto a Quino Salvo se le podía ver en la cara la expresión del entrenador que no quiere perder por más de 30 puntos, único objetivo que le quedaba al equipo a éstas alturas de partido (69-43). El período definitivo no aportó nada nuevo a un encuentro que llevaba resuelto mucho tiempo. León intentaba maquillar el resultado, y sobre todo lavar la imagen de un equipo que resultó irreconocible al público murciano. Y es que el conjunto leonés había levantado gran expectación en la capital del Segura tras su victoria frente a Tenerife la semana pasada que aupó al liderato al conjunto murciano. El juego de los visitantes seguía siendo nefasto, y Quino Salvo pidió un tiempo muerto agónico cuando la sombra de los 30 puntos planeaba sobre el Palacio de los Deportes de la capital Murciana (84-55). Salvo formó en cancha con un quinteto de jugadores nacionales, apostando así por la actitud más que por la valía. Brown y Tchiloemba, dos jugadores imprescindibles en este equipo, contribuyeron al juego de su equipo... desde el banquillo.