Diario de León
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CONCEPCIÓN M. MORENO
León

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UN LOCO enamorado de la Cibeles se escapa del psiquiátrico donde está internado para regalarle «a su estatua preferida/un anillo de pedida» y cuando, un día después, le separan de sus «labios de mármol» y un agente le detiene, la diosa pétrea comienza a llorar. Esta bella historia, retratada por ese trovador urbano llamado Joaquín Sabina en la canción «A la sombra de un león», que se hizo popular en la voz de Ana Belén, refleja el magnetismo que la escultura que corona la fuente más emblemática de Madrid ejerce para cuantos la conocen. El deporte no es inmune a ese amor por la diosa de la tierra, a quien parece no importar, a pesar de los daños sufridos con el paso de los tiempos -y de las personas-, dar cobijo a las celebraciones de diversa índole. La estatua de Cibeles, símbolo de fertilidad y abundancia, vivió el sábado la celebración de los aficionados ecuatorianos que, a la distancia, festejaron la clasificación de su selección de fútbol al segundo Mundial de su historia, el de Alemania 2006. A pesar de que muchos inmigrantes salieron a las calles en los barrios madrileños en las que viven, otros eligieron ese céntrico punto de referencia para presentar sus respetos a la diosa de mármol. Y ella, adaptada al cambio de la población de Madrid, no rechaza las fiestas deportivas, sea cual sea la bandera que agiten, a pesar de que tradicionalmente se la considere «diosa blanca», por ser anfitriona del Real Madrid. Como la de Ecuador, en junio de 2004 la fiesta fue portuguesa. Decenas de aficionados se congregaron en la plaza donde confluyen el paseo del Prado, el paseo de Recoletos y la calle Alcalá para exhibir banderas de Portugal, cuya selección de fútbol acababa de clasificarse por primera vez en su historia para la final de una Eurocopa -en este caso la que se disputaba en su territorio-. La diosa, tan generosa con sus adoradores, se quedó manca en varias ocasiones por permitir tales eventos. En julio de 1994, los aficionados se reunieron allí movidos por la alegría de la victoria de la selección nacional sobre Suiza, que dio a España el pase a cuartos de final del Mundial de Estados Unidos. Unos vándalos mutilaron a la diosa, a la que arrebataron la mano en la que guarda las llaves de la ciudad. Y, tras aquella restauración, el ataque más reciente ocurrió en septiembre de 2002, cuando unos jóvenes decidieron bañarse de madrugada en la fuente y uno de ellos se encaramó al brazo izquierdo, que cedió y se rompió. Sólo cuatro meses antes, la celebración de la novena Copa de Europa lograda por el Madrid provocó graves incidentes en la plaza, que motivaron al consistorio madrileño a impedir que los jugadores acudieran al final de la Liga -que también conquistaron- a adorar a su musa. Esta plaza, punto obligado de paso de luctuosas manifestaciones -como las convocadas tras el asesinato de Miguel Angel Blanco o tras los atentados del 11-M- y también de procesiones lúdicas -como la caravana de la Boda Real o el Día del Orgullo Gay-, vio cómo la Antorcha Olímpica pasaba rumbo a Atenas o cómo los ciclistas de la Vuelta a España corrían a su sombra. Y para demostrar que la diosa acoge en su morada cualquier tipo de celebración, hace dos semanas recibió la visita de los aficionados al deporte del motor que brindaban por el primer Mundial de Fórmula Uno que se adjudicaba un piloto español, el joven Fernando Alonso.

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