Entre las garras del dopaje
El único ciclista con cuatro cetros españoles ve cómo toda su carrera está bajo sospecha
Roberto Heras dice que se siente tranquilo y convencido de que su presunto positivo es «un error del laboratorio», única posibilidad que le podría salvar de ser despojado de su cuarto triunfo en la Vuelta y de su prematura retirada del ciclismo. De momento, y mientras se consumen los días hasta el veredicto definitivo, ha entrado en la estela de la sospecha y sus éxitos quedan en entredicho. Su hazaña en la última Vuelta, que le permitió quedarse solo en el palmarés con cuatro títulos, sus exhibiciones en Pajares y Valdelinares, quedan pendientes de ser ratificadas por un laboratorio antidopaje. El ciclista de Bejar, que cumplirá 32 años en febrero, se ha convertido en otro líder de las grandes vueltas envuelto en la sospecha del dopaje. Lance Armstrong, el rey del Tour, pasó por el oscuro túnel tras ser desveladoun presunto positivo por EPO en 1999. Unas pruebas congeladas tuvieron la culpa. En España aparece la sombra del escándalo de 1982, cuando Ángel Arroyo dio positivo y tuvo que ceder el título a Marino Lejarreta. El ruso Menchov podría convertirse en inesperado vencedor de la Vuelta 2005. Heras diría adiós a su carrera profesional y el futuro de su equipo quedaría en zona sombría, ya que sus patrocinadores han mostrado su disposición a la seriedad en la lucha contra el dopaje. Profesional desde 1996, considerado como el mejor escalador de los últimos tiempos estrenó su racha triunfal en la Vuelta en 2000, con el Kelme, equipo que ha hecho de blanco antes los dardos de la lacra del dopaje en los últimos años, con escándalos sonados. En 2001 y 2002 conoció sinsabores en la ronda nacional, pero a partir de 2003 encadenó tres plenos (uno con US Postal y dos con Liberty). Entre medias pasó como gregario de lujo de Armstrong en tres Tour de los siete que posee. El sometimiento a Armstrong, y su idea de que podía tener su opción en la Grande Boucle le colocó a petición de Manolo Saiz en el Liberty Seguros. Dos fracasos consecutivos demostraron que el Tour le venía grande. Ciclismo del de antes Sus exhibiciones en la montaña y su capacidad para triunfar en cimas míticas e inéditas (Calar Alto, Angliru, Morredero, Abantos....) le colocaron el cartel del «Pantani español», y la inolvidable exhibición de Pajares en la pasada edición recuperó el ciclismo de antes para una afición ávida de espectáculo. Con estos antecedentes, Heras está en el punto de mira de Saiz para acometer el Giro de Italia 2006, «y en un segundo esfuerzo el Tour o la Vuelta». Todo claro hasta que un día de finales de octubre rompe la tranquilidad. El laboratorio de Madrid confirma un positivo en el frasco A, refrendado por las pruebas realizadas también en los centros antidopaje de París y Lausana. Sencillo, poco hablador, incluso algo tímido, Heras es el número uno del ciclismo español. La ratificación de tal afirmación depende ahora de un frasco de laboratorio.