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Nadal y Federer, la final deseada en París
El jugador español buscará mañana domingo su tercer triunfo consecutivo en el «mundial» de tierra batida ante su gran rival y número uno del ránking

El deseo de la mayoría de aficionados se ha cumplido: Rafael Nadal y Roger Federer protagonizarán el domingo (15 horas) la final soñada en Roland Garros 2007. El balear superó en la penúltima ronda al serbio Novak Djokovic (6) por 7-5, 6-4 y 6-2, en dos horas y veintiocho minutos, y el suizo se impuso al ruso Nikolay Davydenko (4) por 7-5, 7-6 (5) y 7-6 (7), en tres horas y un minuto. Tanto Federer como Nadal se adjudicaron la victoria en tres sets consecutivos. El manacorense tuvo en Djokovic un enemigo muy valiente en el ataque que, por momentos, consiguió un ritmo vertiginoso en su juego desde el fondo de la pista. A veces también forzó la máquina para aproximarse a la red y aplicar voleas contundentes. Sobre todo en el primer set existió un cierto equilibrio de fuerzas, aunque cada vez que el mallorquín se colocaba para conectar su derecha en el ambiente se respiraba inmediatamente la seguridad de que iba a lograr un punto seguro. Fue ese recurso el más positivo de un Nadal que volvió a mostrarse firmísimo. De nuevo llegó a bolas imposibles. Djokovic también anduvo vivísimo sobre la pista. Su mejor arma fue la derecha, al igual que la de Nadal, pero con el revés consiguió asimismo ángulos inverosímiles. Más regular el español. Más espectacular en acciones concretas el serbio. El caso es que uno y otro brindaron un espectáculo de muy alto nivel. Realizaron un tenis lleno de dificultades. A Nadal le perseguía la idea de pararle los pies a su joven oponente de 20 años, pero Djokovic exhibió la necesaria tenacidad para dar la debida respuesta a las acciones ofensivas del de Manacor. Nadal asombró en jugadas aisladas. El serbio sorprendió con capturas de pelota a simple vista inalcanzables. A bolas cortas de Djokovic replicó Nadal con velocidad de esprinter nato. En el tercer set los espectadores vibraron de principio a fin con los movimientos de uno y otro jugador. Ese tercer período tuvo un mal arranque para Djokovic con dos dejadas fallidas y allí empezó a gestarse el triunfo de un Nadal que acabó metiéndose en el bolsillo a quienes abarrotaban las gradas de la pista principal. Inasequible al desaliento Si Nadal rayó muy alto, Djokovic no le fue a la zaga. El serbio sigue llamado a escribir brillantes páginas en la historia del tenis actual. Ya no tiene problemas de respiración y cuando tiene que desplazarse por la superficie de tierra batida lo hace con absoluta seguridad. Lo malo para él fue que se encontró con un Nadal inasequible al desaliento, cap az de soltar el brazo como un latigazo para enviar la pelota cerca de las líneas. Djokovic, además, luce un servicio superior al del balear. Precisamente este recurso sigue siendo un problema a resolver por su parte. Tras superar el penúltimo obstáculo en París, Rafael Nadal dio rienda suelta a su alegría y se mostró muy satisfecho de cómo le respondió su derecha, Se siente preparado para afrontar su tercera final consecutiva, tras haber ganado a Puerta en 2005 y a Federer el año pasado. Con el suizo ha jugado en once ocasiones y el balance le resulta favorable por 7-4. El último partido entre ambos fue en Hamburgo, y se impuso Federer.