Las dos aficiones, a gran altura
Pese a la desproporción en el número, tanto los bercianos como los capitalinos merecen todos los elogios por su buen comportamiento

La gran batalla del fútbol provincial se juega en el césped y se discute en la grada. Abajo no hubo color, o por mejor decir, el derbi tuvo dos colores el azul y el blanco de la Deportiva. En las gradas hubo más de eso también. Lógico, si se tiene en cuenta que el encuentro se disputaba en Ponferrada. Habría sido deseable que se viera más «resistencia» por parte capitalina, pero esta Cultural levanta pocas pasiones. Todo lo contrario que ocurre con la Deportiva en El Bierzo. Son días de vino y rosas para los blanquiazules, aunque también se hayan vivido tiempos mejores. El caso es que el domingo la Deportiva ganó arriba y abajo, a la derecha y a la izquierda, por delante y por detrás, al principio y al final. Eso no quita para felicitar al centenar de espectadores que viajaron desde León. Es más, tienen mérito porque lo fácil es ponerte en ruta cuando tu equipo te garantiza muchas probabilidades de éxito. Sabían que sus rivales lo tenían todo en la mano para salir airosos, como así fue, y sin embargo, no dudaron en viajar «al otro lado del Manzanal» que cada día parece menos insalvable, para estar al lado de los suyos. Hasta se ganaron la simpatía de sus adversarios cuando mostraron la pancarta de ánimo a Fran Domínguez, un hombre que no es si no una víctima más del rumbo errático que tomó el club leonés de un tiempo a esta parte. En cuanto a los bercianos, poco más se puede decir. A nadie sorprende que dejen pequeño El Toralín por más que debieran pasar por taquilla en esta ocasión. La Deportiva, ya está dicho, es más que un club de fútbol para sus incondicionales. Es un lema, una religión, un mito, una ilusión sin límites y, precisamente por eso, merece la pena seguirla hasta el infinito. Bendito fútbol.