Reportaje | A. Barreñada
Lucha trabada en los tiempos
Imágenes escondidas en el románico de Gradefes o San Isidoro, en el gótico de la Pulchra, estatuas conseguidas u otras que esperan su momento, pinturas, grabados, vidrieras... arte del arte de la lucha

Vidriera en el chalé de los Pérez
Hay mucho de arte en un agarre, en una maña de los aluches. Y hay también, aunque sea menos de la esperada y deseada, algo de la lucha leonesa en el arte de esta tierra.
Bien conocidas son algunas imágenes a través de trabajos y publicaciones como los de José Antonio Robles Tascón. Mantiene destacada relevancia en el arte el canecillo románico de Santa María de Gradefes. El trabe por cuello y brazos lo aleja de la forma hoy conocida de nuestra lucha y lo acerca a otras muestras de territorios vecinos, como las más arcaizantes de Santa Cruz de Castañeda y Santa María del Yermo en Cantabria. En la iconografía religiosa medieval de amplias regiones europeas abundan representaciones de luchas diversas, asimiladas en ocasiones al adoctrinamiento básico de la que el Bien mantiene con el Mal, o más explícitas de los textos sagrados, como la de Jacob con el ángel.
Se ha entendido que los modelos forman parte de los difundidos por escuelas o artesanos viajeros. El concepto es parte de un ideario común, sus manifestaciones concretas dan cuenta de lo más propio a cada lugar. Próximas en el tiempo y en el espacio a la escena de Gradefes son la también ampliamente difundida del capitel de la nave sur de San Isidoro, la menos conocida que se sitúa en la misma Real Basílica, en peana fijada en una columna de la nave norte, la miniatura de la Biblia isidoriana de 1162 y la que puede contemplarse en el capitel del ala de poniente del claustro de la Catedral, datado en los primeros tiempos de la construcción de éste (SS. XIII-XIV).
Casi un milenio más tarde de esculpirse el canecillo de Gradefes -"cuya autenticidad no puede confundirse con el moderno boxeo que los traviesos restauradores (Juli, el nieto de la siempre presente Señora Munda dice que serían los Seoane) dejaron en el Monasterio de Sandoval-", Antonio Verduras, al frente de la Federación, se empeñó en erigir un monumento a la Lucha.
Desde inicios de los años setenta Ángel Muñiz Alique trabajaba en la idea de una obra dedicada a los aluches: «Esa idea la traje conmigo desde América, como lo primero que haría en León».
Se ilusionaron con aquella propuesta Olegario Rodríguez Cascos y Camino Gallego. No lograron entonces la necesaria financiación para el proyecto y éste se retomaría a mediados de los noventa.
La Cadrilada contó para su modelado en barro con las aportaciones de gente de la lucha como Felipe León, Avelino García o el Elegante , quien corrigió, recuerda el autor, un agarre a la izquierda para maña a la derecha que él sólo adivinaba a través de lo referido por amigos como el gran Flaviano. «Mi idea fue la de una imagen cuya estética reflejara equilibrio, un luchador mirando al suelo con el temor a lo que es inevitable y el otro expresando todo el ímpetu, pero ambos, contendientes ideales, igualados». A pesar de algunas leyendas, la estatua, que tras peregrinajes varios hoy se sitúa a pie del Palacio de los Deportes no retrata a ningún luchador en concreto.
José Ajenjo, discípulo y albac ea de Victor de los Ríos, atesora la maqueta en barro de Los Aluches . El escultor e imaginero gustó de la lucha leonesa y a ella le prestó mecenazgo (en los años 50 llevó la lucha al Palacio de los Deportes de Madrid, donde reunía a leoneses y canarios de la brega) e interés creador. El Diario de León de 12 de septiembre de 1939 (tal como recoge Javier Antón Cuñado) relataba «la presentación de una maqueta que escenifica el deporte de la lucha leonesa». La maqueta en cuestión se podía ver en Mansilla, después de que en su corro tomara apunte el artista de una luche entre un forastero de gran talla y corpulencia y un pequeño luchador que acabó enredando y derribando al hombrón. Más vale maña que fuerza figuró también en el boceto, a partir del cual, en 1943, realizaba de los Ríos una talla en madera que en 1960 volvía a aparecer en una exposición benéfíca .
La talla, que conservara uno de los socios de la empesa Filesa, sigue siendo proyecto inacabado de escultura que su autor (de quien se vive centenario en este año), soñara para Mansilla. 1396927554