OPINIÓN Enrique Vázquez
La luz roja de Bali
¿Adiós al islam liberal de Indonesia? Desde luego que no: las organizaciones para-terroristas y cercanas a Al Qaida no tienen, en principio, la capacidad de alterar duraderamente el viejo statu quo social y político según el cual el islam no será la religión del Estado y los gobiernos, a cambio, deberán coexistir con la impregnación islámica de la sociedad y sus poderosas cofradías... Bali ha sido una tragedia, en primer lugar, para esa coexistencia a veces tácita y sólo interrumpida ocasionalmente por la dictadura del general Suharto (cuyos servicios especiales, por cierto, infiltraron a los radicales ayudando a crear el «Laskar Yihad» con éxito). No es posible olvidar súbitamente que el islam moderado y moderador jugó un papel decisivo en la difícil transición democrática cuando cayó Suharto. No se prima informativamente la condena estricta del salvaje atentado por los partidos ni se recuerda la labor del líder musulmán liberal Abderrahman Wahid, cuya presidencia (acabada por adelantado por razones prácticas sin relación con estos asuntos). El gran «Gus Dur», el hermano mayor y padre puso su influencia como intérprete del Corán y su condición de líder de una de las corrientes islámicas al servicio de la restauración democrática. Ningún partido islámico patrocina la instauración de la ley islámica (sharia) ni hay ambiente, fuera de las Molucas, donde los choques entre musulmanes y cristianos son una excepción que el ejército apenas consigue evitar, para imponerla. Eso se le deja al hombre del día: Abubaqr al-Bashir, yemení de origen, financiado en su escuela coránica de Solo por capital extranjero y descrito abiertamente por medios americanos como el representante oficioso de Al Qaida en la zona. La zona es nada menos que la mitad del sudeste de Asia: se atribuye a su «Jemah Islamiyah» el proyecto de crear un estado islámico con Malasia, el Mindanao filipino y Brunei y hasta Singapur... ¿una fantasía? El hombre, quien se confiesa admirador de Bin Laden en tanto que musulmán militante, tiene contados sus días en libertad (por falta de pruebas, dice, legalista, la policía). Y más contados aún los tiene la connivencia de hecho o deliberada entre ciertos sectores que han apostado por cerrar un ojo y la mitad del otro recordando tal vez - pero equivocándose esta vez - a Michel de LïHôpital, el consejero de Margarita de Medicis: gobernar es transigir...