Diario de León
Publicado por
ENRIQUE VÁZQUEZ
León

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CONCLUIDA oficialmente la tregua con el comunicado conjunto Hamas-Yihad Islámica de ayer, se instala de nuevo el engranaje de la violencia entre israelíes y palestinos: «La guerra empieza de nuevo», tituló sin vacilar el diario Yediot Aharanot. Los funerales de Ismail Abu Chanab, dirigente político de Hamas, y la oración de viernes en las mezquitas han permitido visualizar de nuevo el nivel de cólera de la población en Gaza. El campo israelí, por su parte, traduce más respaldo (ochenta por ciento) al general Sharon tras el atentado del martes y el anuncio casi oficial (la fuente lo era pero no quiso ser identificada) de que volverán los asesinatos selectivos y las expediciones de castigo colectivo. Y, sin embargo, hay pequeños indicios de que el contexto político-diplomático de la sangría acusa algunos cambios. Por ejemplo, las Brigadas de los Mártires de al-Aksa (con origen en el Fatah y completa autonomía funcional) no suscribieron el fin formal del alto el fuego. Y, sobre todo, el secretario de Estado, Colin Powell, en un gesto innovador que suscita especulaciones, hizo un llamamiento al presidente Arafat para que trabaje con Abu Mazen y le ayude con los elementos de seguridad bajo su control. La confesión indirecta de que el satanizado Arafat debería ser algo así como repescado podría sugerir que, a fin de cuentas, el liderazgo tradicional del fundador de la OLP es -o será- insoslayable a medio o largo plazo y los intentos de anularle políticamente parecen inútiles y/o contraproducentes. Nótese que las palabras de Powell coincidieron en el tiempo con una encuesta según la cual una mayoría muy abultada de israelíes le tiene por responsable de la violencia. En el fondo se dibuja, de modo muy tenue, lo que parece un deseo norteamericano de relativo distanciamiento de las tesis más radicales de Israel. El portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan, repitió una fórmula utilizada en otras ocasiones parecidas: «Israel tiene el derecho a defenderse, pero debe saber cómo las decisiones que toma pueden afectar al proceso de paz». No es muy difícil saber que en Washington deploran en silencio el asesinato de Chanab, conocido como el inspirador del ala pragmática de Hamas y el hombre que podía garantizarle a Abu Mazen una interlocución positiva. Políticamente, el primer ministro palestino, muy respaldado en Washington, es la víctima principal de la muerte del dirigente islamista.

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