El Ejército indonesio restringe el paso de los extranjeros en la zona rebelde de Sumatra
La ONU consigue 717 millones en efectivo de los países donantes
Japón, seguido del Reino Unido y Alemania son los mayores contribuyentes Tailandia, centro de la mayor
La diplomacia de la ONU consiguió ayer en Ginebra que los países donantes hicieran un gesto sin precedentes y en los próximos días entreguen en efectivo el 70% de las cantidades solicitadas para las víctimas del seísmo que asoló Asia. «Hemos logrado que los donantes se comprometan a entregar 717 millones del total de 977 requeridos hace una semana por Kofi Annan» en la cumbre de Yakarta, afirmó Jan Egeland, coordinador de Asistencia Humanitaria de la ONU. «Esto no pasó nunca antes. Es dinero que se va a poder gastar inmediatamente. Tres veces más que cuando el huracán Mitch», dijo. Japón es el mayor contribuyente y entregará 250 millones de dólares en efectivo. Lo mismo harán otros países como el Reino Unido, que entregará 74 millones, seguido de Alemania (67), Noruega (65), la Comisión Europea (61) EE.UU. (35), Canadá (29), Suecia (23), Rusia y Dinamarca (22), China (20), Australia (14) y Finlandia (13). Mientras, el Ejército indonesio restringió ayer el trabajo de las agencias humanitarias extranjeras. Los aviones y barcos extranjeros, así como los voluntarios, ya no gozarán de acceso ilimitado. «Necesitan una autorización y después estarán bajo nuestra tutela, así irán protegidos mientras desempeñan sus actividades» fuera de la capital provincial de Banda Aceh, señaló ayer el jefe de las Fuerzas Armadas indonesias, el general Endriartono Sutarto. Esta iniciativa, dijo, es necesaria para hacer frente a la amenaza de los insurgentes. Pero el líder de los separatistas, Muzakir Manaf, negó esas acusaciones asegurando que sus fuerzas «garantizan la seguridad y el libre acceso de los trabajadores humanitarios». Oxfam y el analista de seguridad Sidney Jones rechazaron también las declaraciones de Sutarto, indicando que los guerrilleros no son una amenaza. Indonesia abrió un nuevo aeropuerto en una isla al norte de la devastada ciudad de Banda Aceh, con la esperanza de atenuar las presiones en el pequeño aeropuerto de la capital provincial un día después de estrellarse allí un helicóptero norteamericano.