Diario de León

| Crónica | Adular al presidente |

El «topo» de Bush en prensa

Publicado por
Óscar Santamaría - corresponsal | nueva york
León

Creado:

Actualizado:

James Guckert traspasó la línea. Y puso su pluma al servicio del poder, que se dejaba querer con sus preguntas edulcoradas que servían a George W. Bush para desviar la atención y salir de apuros en incómodas ruedas de prensa. Pero Guckert, que utilizaba el nombre falso de Jeff Gannon, no pudo engañar a los veteranos periodistas que cubren la Casa Blanca, que siempre sospecharon de él, un cuarentón de un medio desconocido y que siempre conseguía la palabra en las reñidas ruedas de prensa del presidente. Guckert era un topo al servicio de la causa republicana. Acreditado por Talon News Service -una página web afín a los conservadores texanos-, Guckert se paseaba a sus anchas por los pasillos restringidos a la prensa en la Casa Blanca, a la que no cualquier periodista tiene fácil acceso. Tampoco es tarea sencilla entrar a las ruedas de prensa de Bush, donde los sitios están reservados -con nombre- para los grandes medios. Menos aún es levantar la mano y que te den la palabra. Siempre preguntaba Pues bien, Guckert no tenía problemas en llegar, entrar, sentarse y preguntar, siempre de forma tendenciosa y a favor del Gobierno. No era inusual que Scott McClellan, el portavoz de Bush, le diera la palabra cuando el presidente era acorralado. Así durante meses. La gota que colmó el vaso fue el 26 de enero cuando le preguntó al presidente, en alusión a los demócratas, y en rueda de prensa televisada: «Usted ha dicho que va a tenderles la mano. ¿Cómo va a colaborar con una gente que parece haber perdido el sentido de la realidad?». Medios como Los Angeles Times o The Boston Globe , apoyados por una legión de blogs, comenzaron a indagar acerca de Guckert. Los rumores sobre que el Gobierno había infiltrado a un periodista amigo en sus ruedas de prensa llegó hasta el Capitolio, y los demócratas preguntaron sobre la actividad de este sujeto. McClellan echó balones fuera. «En la época en la que vivimos, de medios cambiantes, no es fácil decidir o elegir quién es periodista. Nos metemos en el tema de periodismo partidista. ¿Dónde trazas la raya? Hay más gente que cruza la línea en la sala de prensa». Eso mismo piensa Guckert, quien tras anunciar días atrás que dejaba la profesión y volvía a Texas, afirmó que otros periodistas también son partidistas, «lo que pasa es que no lo admiten». Llueve sobre mojado. Antes de este escándalo se habían destapado otros dos de periodistas pagados por el Gobierno para que difundieran las bondades de varios programas de la Administración Bush. Armstrong Williams se disculpó en enero tras descubrirse que había recibido 240.000 dólares para promocionar la agenda de la secretaria de Educación. Maggie Gallagher reconoció haber firmado un contrato de 21.500 dólares con el Departamento de Salud por el que se comprometía a hacer propaganda de la iniciativa de Bush que busca proteger el matrimonio.

tracking