Criminal en Europa, héroe en Croacia

DARKO BANDIC
Hace unas semanas le pregunté a Carla del Ponte, fiscal jefe del Tribunal Penal Internacional de La Haya para la Antigua Yugoslavia (TPIY), por qué había dado su apoyo al inicio de las negociaciones para la adhesión de Croacia a la UE. El general Ante Gotovina, un criminal para Europa y un héroe para Croacia, todavía permanecía en libertad. La cooperación de Zagreb en su captura era la principal exigencia de Bruselas antes de sentarse a la mesa. Del Ponte me respondió con una extraña y encantadora sonrisa. «Gotovina no ha sido entregado a La Haya todavía. ¡Todavía! Esperamos tener a Gotovina en Holanda pronto», dijo. Obviamente, sabía algo. En las paredes del despacho de Del Ponte hay fotografías de todos los hombres a los que trata de cazar. Tres de esas caras son mucho mayo-res que el resto. Ya sólo que-dan dos libres: los criminales de guerra serbios Ratko Mladi y Radovan Karadzic. Del Ponte anunció ayer la captura de Gotovina en Belgrado. En los Balcanes todo el mundo sabe que el anuncio estaba perfectamente planificado. La idea era mostrar al Gobierno serbio -que ha des-preciado al TPIY durante años y se niega a entregar a Mladi y Karadzic- que no habrá piedad para sus dos criminales de guerra. Eso, cuando todo el mundo sabe que los dos siguen escondidos en Serbia y reciben el apoyo del Ejército. «Buenos días, tengo buenas noticias», dijo Del Ponte ayer al inicio de su anuncio en Belgrado. Fue un gran error político y una demostración de la ignorancia y el doble rasero que el TPIY muestra hacia las diferentes naciones de la antigua Yugoslavia. Es cierto que Mladi, Karadzic y Gotovina son los tres sospechosos de crímenes de guerra, pero sólo los dos serbios son sospechosos de genocidio. Los crímenes de Gotovina palidecen frente a los de Mladi y Karadzic (150 muertes en la Krajina frente a las más de 8.000 vidas de musulmanes que se les adjudican a los dos serbios en Srbrenica). La forja de un héroe croata Ante Gotovina nació en 1955. Cuando aún no había cumplido los 18, ya era un soldado experimentado en las guerras africanas en las que luchó enrolado en la Legión extranjera francesa. Sus compañeros de armas ya lo describían entonces como «un joven con nueve vidas y un corazón de León». Durante su juventud se vio envuelto en el crimen organizado. Cuando la guerra estalló en Croacia en 1991, volvió a casa y ofreció sus servicios al presidente Franjo Tudjman. Luchó y fue herido. Volvió a Zagreb y entró en política. Junto a Tudjman y el ministro de Defensa, Sasek, preparó la Operación Tormenta, la reconquista de la Krajina. EE.UU. le ofreció sus medios y su apoyo político. Para Washington era ya la única oportunidad de lavarse la cara en los Balcanes. Recuperar la Krajina era la única forma de que toda Bosnia no quedara ocupada por los serbios. Gotovina la recuperó en 72 horas. Tras la guerra Tudjman se convirtió en un dictador que no dejaba espacio para otros grandes nombres. Era cuestión de tiempo que lo traicionaran. Ese momento llegó cuando las acusaciones empezaron a llegar desde el TIPY. Tudjman y Sadek tuvieron las suyas, pero los dos estaban enfermos y murieron. Quedaba Gotovina. Sabía demasiado y tuvo que huir. Lo ayudó la gente, para quien era un héroe, el Ejército y -para disgusto de Del Ponte- el Vaticano. La guerra serbocroata había tenido mucho de religiosa. Gotovina, un profundo creyente, representaba el bastión del catolicismo frente a los serbios ortodoxos. Hasta el propio Papa Juan Pablo II ofició una misa con una fotografía suya. El nombre de Gotovina se había convertido en terreno de batalla política. Quienes apoyaron su entrega a La Haya para ganarse a la UE perdieron de antemano. Su nombre era demasiado sagrado para el pueblo. Es bueno para Croacia que haya sido detenido en España. Así el Gobierno parece un poco menos culpable ante su gente. Aquí, en los Balcanes, estamos a la espera. Hay dos grandes nombres todavía sueltos. Sin Mladic y Karadzic tras las rejas, la captura de Gotovina no significa nada. Bostjan Videmsek es un periodista esloveno especializado en la ex Yugoslavia El criminal y el Papa La iglesia católica mostró un apoyo manifiesto a Gotovina durante la visita de Juan Pablo II a Croacia. El pontífice oficio una misa bajo la efigie del general y la frase: «No nos rendimos, no nos entregamos» . El prófugo Gotovina baja esposado del avión en el que fue trasladado a Madrid para enfrentarse a la justicia. La acusación Gotovina fue el alma de la Operación Tormenta. Se le acusa de haber ordenado el asesinato de 150 civiles y la deportación de miles de serbios en la ofensiva. La cazadora La fiscal jefe del TIPY eligió ayer la capital serbia para anunciar al mundo la captura de Gotovina.