OPINIÓN | CARLOS MALAMUD
David contra Goliat
INSATISFECHO con el no de 2007, Hugo Chávez acudió a una pirueta dialéctica para forzar la legalidad. Su propuesta de reelección indefinida pasó de la reforma constitucional a una simple enmienda, que en la interpretación sesgada de las máximas instancias del Estado controladas por Chávez es algo perfectamente legal. Tras las disputadas elecciones locales y regionales de noviembre de 2008, con derrotas en algunos distritos clave, no pasó una semana para que se convocara un nuevo referéndum sobre la reforma indefinida. El descenso del precio del petróleo y los nubarrones que acechan a la economía venezolana, sujeta a fuertes tensiones inflacionistas, explican una decisión que lleva a Chávez a poner nuevamente en juego su futuro político.
Todos los recursos del Estado y los que brinda el control del poder se pusieron al servicio del sí. Todo el conglomerado mediático oficialista se volcó en una campaña publicitaria sin límites. Todo el poder movilizador del chavismo se desplegó para que ningún beneficiario de los programas sociales, y deudor bolivariano, se quedara sin votar. Todo el aparato represivo se puso en marcha contra la oposición. Y detrás de todo, un Hugo Chávez preparado para una nueva batalla donde el enemigo a batir es la mitad del pueblo venezolano.
David contra Goliat. Los partidos políticos, con escasos recursos, apenas pudieron destinar dinero a la campaña. Los estudiantes, la punta de lanza del no, fueron amenazados con «gas del bueno» y la prisión si osaban levantar la voz. Los alcaldes y gobernadores opositores vieron cerrado el grifo de los fondos públicos.
A esto se suma la dificultad de la oposición de encontrar un hilo conductor eficaz para movilizar a una ciudadanía chantajeada por el discurso que aspira a la reelección. Según las encuestas, el resultado es incierto. Casi todas hablan de un empate técnico, similar al de 2007. Si en este escenario el no se terminara imponiendo, sería un milagro democrático. De todos modos, gane quien gane, los problemas de Venezuela no se solucionarán. En las próximas semanas comenzará el ajuste económico que el Gobierno deberá realizar para evitar la debacle, y entonces desaparecerán las diferencias entre el socialismo del siglo XXI y el tan denostado neoliberalismo.