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León

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Opinión | cerecedo

Escuchando el rosario de reproches que ayer se cruzaron en el Parlamento Autonómico nadie diría que el presidente de la Junta y la portavoz socialista en la Cámara son una piña en defensa de las ayudas publicas al carbón nacional. Pese al cierre de filas existente ante la amenaza europea, el intercambio dialéctico entre Juan Vicente Herrera y Ana Redondo no fue precisamente de guante blanco.

Además de recordar el famoso desliz de Rajoy y el desmarque de Vidal Quadras, la portavoz socialista reprochó al presidente de la Junta que no hubiera sido él, en lugar de la viceconsejera de Economía, quién se desplazara a Bruselas para defender allí al máximo nivel la posición de Castilla y León. Redondo lamentó que Herrera no haya hecho valer en esta batalla su condición de vicepresidente del Comité de las Regiones y expresó su temor de que sea el presidente gallego, Alberto Nuñez Feijóo, que ha amenazado con recurrir el decreto, el que acabe imponiendo su posición en el seno del PP.

Dio la impresión de que esta alusión a la influencia de Feijoo molestó especialmente a Herrera, quién contraatacó con otra ristra de reproches que se remontó a la época en que Pedro Sobes, siendo Comisario de Economía de la Unión Europea, calificó la minería como «una actividad sucia, peligrosa e insana». El presidente de la Junta expresó asimismo sus recelos ante la posición de otro ilustre socialista español, Joaquín Almunia, actual Comisario de la Competencia, para terminar acusando a Redondo de buscar el «enfrentamiento rastrero» y de protagonizar una intervención «de tercera división». Lo dicho: Menos mal que estaban de acuerdo.

Visto lo cual, Joaquín Otero, que intervenía a continuación, abogó en un tono conciliador por superar las diferencias pasadas y reforzar el frente común en defensa del carbón español. El propósito conciliador del procurador leonés no se cumplió del todo, ya que Herrera, que venía caliente del rifirrafe anterior, siguió cargando las tintas contra los socialistas. Todo ello fue presenciado desde la tribuna de invitados por el delegado territorial de la Junta en León, Eduardo Fernández, desplazado ayer a Valladolid no sabemos si expresamente para la ocasión.

Para ser el primer pleno ordinario desde el pasado mes de junio, el cronista parlamentario echó de menos que la oposición aprovechara el amplio turno de preguntas para suscitar determinados asuntos de no poco importancia durante el verano. «Se trata de que no haya que esperar al invierno para hablar de los incendios forestales ni al verano siguiente para debatir sobre los efectos de las nevadas». La frase se acuñó para definir el propósito de acercar el debate político a la actualidad que animó la última reforma del Reglamento de las Cortes. Pues bien, ayer nadie tuvo a bien hacer siquiera una pregunta sobre la plaga de incendios forestales que ha asolado este verano a la provincia de León. Incomprensible, máxime cuando por ejemplo la socialista Victorina Alonso dedicó una pregunta a las medidas puestas en marcha por la Junta para combatir la obesidad infantil, problema que sin duda podía haber esperado a otra sesión.

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Por lo demás la preguntante nada sacó en limpio de la respuesta del consejero de Sanidad, quién sin embargo, en contestación a otra pregunta de Otero, anunció que el hospital de León dispondrá antes de mayo de un cirujano pediátrico. No se trata de un servicio completo de dicha especialidad, pero algo es algo y menos es nada.