Querido Norberto
ana gaitero
Hace tiempo que no oíamos tu voz en la redacción. Potente y provocadora. Clara como pocas. Tu paso firme y decidido rumbo a la sala de reuniones o al despacho de algún jefe. A cantar las verdades del barquero. Tu verdad.
Y dicho ésto, cámara en ristre, con las gafas caladas sobre el pelo, camiseta negra, pantalones y botas de montaña, comenzabas la jornada laboral. Esa jornada que, en realidad, nunca acababa. No para un fotógrafo como tú, tozudo y apasionado, curioso y observador. Siempre al acecho y con un proyecto en la cabeza.
Un poco Quijote y un poco Sancho. Presto a plantear batalla a los gigantes y hacer despojos con ellos, sabías que en realidad eran molinos de viento. Y muchas veces, tan solo monigotes. Puta escoria. Lo supiste al poco tiempo de empezar a disparar a la realidad de León con tu Yashica legendaria, en los tiempos de Lucas de Tuy.
En los tiempos del blanco y negro y del cuarto oscuro. Cuando la política y el periodismo se vivían a flor de piel, sin intermediarios ni tanto postín. Ya te estamos oyendo decir que lo de ahora son mariconadas .
Apenas tenías 25 años. Y un título de fotografía ganado a base de esfuerzo y noches en vela, a distancia. Te hiciste obrero de la cámara, con conciencia de clase. Un obrero enhiesto. Con la paciencia de un coleccionista. Y la precisión de un alquimista. Aquí se discute cuál es más valiosa, si tu colección de Quijotes o de orujos.
Porque hay que tener categoría, y mucha, Norberto, para que te abran las puertas de los conventos de clausura como a un obispo, con perdón de don Julián y don Camilo, y te abracen los mineros como a un compañero. Te estarás riendo de nuestras caras y dirás que con las monjas tenías enchufe por el santoral, situándonos en el mapa el convento de las norbertinas, en Villoria de Órbigo, que hoy celebran a su fundador, San Norberto. El respeto que te tienen los mineros te lo ganaste desde sus últimas trincheras, tu trinchera. ¿Y qué nos dices de los políticos? A tus pies, hasta los de derechas. Y eso que eres de Comisiones Obreras y rojeras.
Ayer quisimos calcular los kilómetros que has hecho, en coche y a pie, en estos 27 años de fotógrafo todoterreno, de paisaje y de batalla, y las calculadoras se volvieron locas. Preguntamos a la Catedral, que te vio correr los primeros pasos, y también ha perdido la cuenta de las veces que posó para ti, de cuerpo entero o vidriera a vidriera.
Los monumentos se rindieron a tu objetivo, en León, y toda España. El románico palentino, el Camino de Santiago, las Catedrales de Salamanca, la Concatedral de Cáceres, el Palacio Real de Olite, el monasterio de la Luz en La Rioja... Una lista interminable de la que llevabas cuenta en tu cabeza con el mismo orgullo que tenías a gala conocer hasta la última venta de León y sus especialidades. De postre, flan. Y el chupito. Mientras toreabas con la actualidad apurabas las delicias de la vida.
Claro que si había que pasar sin comer, pues también. Acuérdate de aquel viaje por la tortuosa y reventada carretera de Castrillo de Cabrera y sin un bar abierto en varios kilómetros a la redonda. Y con el estómago vacío y el reportaje terminado, haciendo fotos al tejo de Noceda para el calendario de los árboles. Hay que tenerlos bien puestos. Por algo te llaman por ahí (y por aquí) el gran Norberto. Claro que a ti no te la dan dos veces, así que para la Marcha Negra del 2012 metiste una nevera en el coche para no morir de sed por Castilla.
Norberto, compañero, la echábamos tanto de menos, tu voz, que a veces, en estos meses del largo invierno, la soñábamos en la redacción. Allí, al fondo, donde los fotógrafos descargais la vida cotidiana, la historia de León, ahora en imágenes digitales. Allí donde queda tu hueco, vacío. Allí donde nos duele más el alma. Escuchamos tu voz y sabemos lo que tenemos que hacer. Cuidar de quien tan bien te ha cuidado, nuestra colega, tu Ana, y de Héctor, tu segundo hijo, el Pichichi del Benjamín del CD El Ejido, que te hizo del Barça sin tener tu afición al fútbol. Te vas con Víctor, tu primogénito. Quizá te cruces por ahí con Vicente Pueyo y con Maite Almanza. Dales un abrazo también de nuestra parte.