Diario de León

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A Melendi le crecen los enanitos

El artista asturiano llena la plaza de Toros con su apuesta musical más asentada, entre guiños de paisanaje a un foro leonés que repite en cada una de sus visitas

Melendi puso todo de su parte para llegar a sus seguidores, que casi completaban el aforo de la plaza de Toros.

Melendi puso todo de su parte para llegar a sus seguidores, que casi completaban el aforo de la plaza de Toros.

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Sin las rastas que marcaron su imagen y con la leyenda de calavera atenuada por la operación de imagen facturada por Telecinco con el programa La Voz, el nuevo Melendi se presentó en la plaza de Toros de León como si entrara por el pasillo de casa. Un coso taurino que ha toreado ya en varias ocasiones con vuelta al ruedo incluida y que ayer se volvió a rendir al paisanaje asturiano de un artista que, más allá de la moda que le subió a los escenarios como producto perecedero, se ha asentado en una madurez musical que abarca franjas de edad sin limitaciones. Un público que coreó las canciones de su último trabajo, «Lágrimas desordenadas», pero que sobre todo se abandonó a las letras de anteriores discos en los que los toques aflamencados eran seña de identidad; canciones que dan vueltas en las radio fórmulas con más audiencia del país, sin importar los años que llevan dentro de las listas de reproducciones.

 

Melendi, apenas dos años después del último concierto en abierto que dio en la explanada frente al Auditorio, tiró de oficio, llevó al público a su terreno y no escatimó gestos cercanos, de los que crean identidad a ambos lados del túnel del Negrón. Guiños que terminaron por desarmar las escasas reservas del auditorio, en el que niños de poco más de 5 años seguían las letras del asturiano acompañadas por sus madres, aquellas quinceañeras que se engancharon a las rastas del primer disco. Ritmos guitarreros que intercaló con los temas más melódicos en los cuales ha sabido encontrar un reducto de letrista con mensaje más allá de rimas facilonas. El jardín en el que a Melendi ayer le crecieron los enanitos.

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