Diario de León

Froilán, ese santo al que todos le tocan las narices

Alrededor de 60.000 personas acuden a la llamada del patrón de León aprovechando las excelencias de la climatología; la actividad festiva continuará hoy con el inicio del mercado de las Tres Culturas.

El ritual ante el santo. MARCIANO

El ritual ante el santo. MARCIANO

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León

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miguel á. zamora | la virgen

Hay tres noches en el año en las que es mejor no salir de casa. A saber: la víspera de San Juan, la de Año Nuevo y la noche previa a Viernes Santo. Y también una mañana en la que es mejor quedarse en la cama: la de San Froilán. Tal es el gentío de las cuatro fechas (todas relacionadas con el santoral) que cada una a su estilo se convierte en una peregrinación masoquista, en la que el premio añadido es una buena ración de pisotones, unas dosis de mal humor a la hora de aparcar y una ración de stress impagable. Cosas que tiene la sociedad.

Cerca de 60.000 personas tomaron al asalto ayer los alrededores del Santuario de La Virgen del Camino a lo largo del día. Empezaron bueyes, caballos, burros y demás cuadrúpedos ya desde bien amanecida y fría la mañana, cuando aún los cielos amenazaban lluvia y el termómetro se anclaba en los diez grados y terminaron entrada la tarde, con una solana de espanto y la tradición cumplida. Y bien cumplida.

Carros y coches empezaron a desfilar casi juntos y a la misma velocidad superada la pasarela del polígono de Trobajo. A esas alturas, los puestos de venta de avellanas ofrecían el paquete a cinco euros. Al lado del Santuario (¡voilá!) el precio se convertía en nueve euros.

A la entrada de La Virgen ya el aroma cambio de aires y el piso de consistencia. Multitud de regalos depositados por los animales como muestra del buen estado de su aparato digestivo fueron adornando el panorama. Y los carros, a lo suyo. Por aquí Rodiezmo, ahora que el PSOE ya no abre allí su curso político (porque no hay curso político en el PSOE). Por allá Villamondrín su burro espantado. Más adelante Pobladura, con los cánticos a flor de piel...

Fue a las 12,15 cuando el obispo abrió la misa, con no menos de media hora de camino para los que todavía restaban por llegar. La estampa de los pendones, enhiestos, orgullosos y galanes, dibujó aires del pasado en la explanada de la basílica. Una moza entrada en años y carnes trataba de subirse al escenario. La duda entre sus compañeros de grupo era si ayudarla o acarrearla. Olía de fondo a incienso. Aromas de abril para principios de octubre. Y una solana de Dios te ampare, propia para el escenario y la ocasión.

Hizo Ana Franco, la concejal de Urbanismo, las preces de rigor. «Se oye bien, se oye bien», se coló a través de la megafonía. Hablaba en su égloga del rastro de las ovejas. En la carretera de La Virgen había buena muestra de ello, sí. Cantaban los termómetros temperaturas de 20 grados, cuando la sensación térmica superaba los 28.

OFICIOS

Ajenos a los oficios religiosos, los puestos de los alrededores del escenario andaban a lo suyo. Imanes de La Virgen del Camino a 1,50, pendientes a tres euros. Empanadas a doce euros la pieza «pero si quieres una porción te la dejo en tres euros», hogazas a cinco y mantecadas de Astorga a 3,50. Las nueces del Bierzo se pusieron este año en 5,50. Había calcetines de un euro el pack de tres, embutidos de ciervo, de jabalí y de potro. Marañuelas en paquetes de dos a tres euros, recién traídas de Candás. A un euro ajo de secano «que sabe a jamón serrano», pregonaba el dueño del puesto. «Te juro que es verdad», insistía. «Lo del euro, digo», apostilló. Eso ya es otra cosa. Boroña de maíz, ración de morcilla a 2,5 euros y colas, muchas colas para todo. Para subir, para entrar al santuario, para tocar la nariz al santo, para besar el manto y para cumplir con los ritos que marca León y su obispo posiblemente más efímero, que cinco años le duró el cargo a Froilán antes de pasar de eminencia a santo. Son las cosas de la vida. Lo eran ya por el año 900 y lo seguirán siendo por otros 900.

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