Los informes de las dos pruebas, preparados en tan sólo cinco días
Los osos aparecidos muertos en la Cordillera Cantábrica a finales de octubre en la provincia de León y a principios de noviembre en terreno palentino fueron traslados al Centro de Recuperación de Animales Silvestres de Valladolid, donde fueron congelados. El viernes 16 de noviembre llegaron a la Universidad de León, donde siguiendo el protocolo «fueron descongelados lentamente a una temperatura de dos grados», como matizó Juan Francisco García Marín, quien se encargó de las necropsias el miércoles 21 de noviembre y el lunes 26, con un fin de semana por el medio y que la Junta hizo públicos el 4 diciembre. La demora en los informes fue uno de los argumentos que también esgrimían los técnicos de Valladolid para no remitir a León los restos de los osos para las necropsias, amparándose en un informe de un caso concreto que estuvo bloqueado 918 días por un contencioso en el Procurador del Común, a pesar de que los resultados sí estaban listos. El rector de la Universidad y máximo responsable de las necropsias a plantígrados, precisó que los restos localizados en León estaban en avanzado estado de descomposición y que «aunque no había presencia de proyectiles, tampoco se descarta porque los restos hallados le faltaba una gran parte del cuerpo del animal y se desconoce la causa de la muerte». En el caso del oso localizado en Palencia, Marín determinó en su informe que no presentaba graves fracturas y que tampoco se determinó la presencia de metralla.