El Gobierno agita la entrada de la Ruta de la Plata en campaña electoral
Las correcciones de Transportes agrandan la brecha entre partidarios y detractores de la vía. Los cálculos gubernamentales chocan con las estimaciones de la plataforma

Un tramo de la Ruta de la Plata ferroviaria.
Los promotores del estudio de viabilidad de la Ruta de la Plata levantaron sospechas sobre el papel del análisis al negarse a revelar el sentido del informe; se lo exigió la plataforma Corredor Oeste, y de ahí la polvareda con el político socialista extremeño que se ha erigido en especialista en la estructura, en una estrategia que le llevó tiempo atrás a emprender una gira por los territorios afectados; llegó incluso a León a predicar sobre la recuperación del trazado, que hace 40 años otro Gobierno socialista, el primero de González enterró viva en una sepultura improvisada que tapó a paladas con la deuda de Renfe.
El promotor del estudio es el Gobierno, mientras suelta lastre con la urgencia del ferrocarril y da largas a los trámites para su reapertura. El cierre aceleró la debilidad del oeste español, hasta llevarlo a los índices de involución social, económica y poblacional que comparte ahora en todas las medidas de la Europa Occidental.
El tren de la Ruta de la Plata circulaba más lento en la fecha de cierre que cuando se abrió el enlace, cien años antes. El dato explica algunas de las cuestiones que se apelmazan en la casilla del debe del Estado con esta franja dorsal del poniente español, que iguala la falta de perspectivas a León y Extremadura y explica que la recuperación del tren se ofrezca de nexo de unión y reivindicación común de los territorios.
También, como combustibles de campañas electorales. Después de cuatro años de una actividad y labor difusora creciente a nivel social, manifestaciones, congresos, protestas, pancartas, escritos, foros de debate, la Ruta de la Plata se eleva sobre el nuevo ciclo electoral al que se enfrentan los territorios afectados por su cierre, y que no aceptan la fórmula que eligió el Gobierno para despejar la responsabilidad con el ferrocarril y enterrarlo, por segunda vez, en las previsiones de la red ferroviaria de la UE más allá de 2050. La Ruta de la Plata ya es primer plato electoral desde que el Gobierno remarcó las posturas frente al retorno del ferrocarril: el ministro de la obra pública se atrevió a definir la traza como «una vía verde», lo que ha contribuido a revolver la postura de Corredor Oeste, que tiene catalogado metro a metro, la huella del tren entre Astorga y Plasencia cuatro décadas después del abandono por decreto. Y por contradecir con cifras los estudios técnicos que en los últimos meses han servido para evaluar y alentar el retorno del tren conforme a unos cálculos inversores realizados por profesionales de la ingeniería, tan capacitados al menos como los que utiliza el Gobierno para fijar cifras de inversión o especular con la viabilidad del regreso del ferrocarril.
Las dos posturas enfrentadas, la de Corredor Oeste y la del Gobierno del PSOE, comienzan a diferenciarse en la fecha en la que han colocado la Ruta d ella Plata en las previsiones y calendario de actuación de la Unión Europea en la red Ten-T, con la calificación en categoría integral, comprehensive, y no en la básica, core, lo que distrae la prioridad de inversión según los intereses que defiende el Gobierno de España.
Ahí aparece otra tensión en la forma de ver el retorno del tren; hay cálculos contrastados para una inversión de 1.900 millones en la estimación más holgada, mientras el Gobierno acaba de descolgarse con una cifra que rompe y rasga el horizonte que jamás se soñó en una tierra abandona y empobrecida como la que conforma la extensión de la vía entre Astorga y Plasencia: seis mil millones de euros.
Hay elecciones a la vista; un ciclo electoral amplio que ha contribuido a devolver a la Ruta de la Plata a la primera línea que ocupó en los dos últimos años a base de inspirar movilizaciones en el frontal oeste del país, dividido hoy en dos flancos: los programas electorales a favor del retorno del ferrocarril y los que están en contra. Cuarenta años después, el tren que se llevó el aliento del oeste español está en condiciones de pedir voz y voto ante la próxima cita con las urnas.